6

Ene

2017

3 errores a evitar al ayudar a los que sufren

3-errores-a-evitar-al-ayudar-a-los-que-sufren-por-dave-furman

 
Nadie quiere ser como los amigos de Job. En nuestras vidas, hay gente herida y queremos ayudarles, pero ¿cómo podemos evitar hacer el ridículo? Y ¿cómo podemos ayudar a las personas heridas sin desalentarlas aún más?

Al igual que los amigos de Job, podemos pensar que tenemos el enfoque y objetivo correcto al cuidar de nuestro amigo que perdió su trabajo, o a nuestra madre anciana enferma, o a nuestros amigos que sufren por un aborto espontáneo. He tenido la experiencia de mucha gente con buenas intenciones que, al final, solamente exacerbaron mi dolor (tengo una enfermedad en los nervios de mis brazos). Y estas experiencias no me inmunizan de hacer o decir cosas equivocadas; a veces he pensado estar haciendo bien cuando, de hecho, estaba provocando más dolor. Necesitamos la ayuda de Dios para cuidar de nuestros amigos afligidos.

He aquí tres errores que tendemos a cometer cuando estamos de verdad intentando ayudar a los que están heridos, y algunas sugerencias acerca de cómo redirigir nuestros esfuerzos.

Error 1: Ser la persona que lo arregla

En primer lugar, intentamos ser la persona que lo arregla. Pero la verdad es que nadie quiere otro tratamiento, ungüento, referencia para acupuntura, o dieta con el 100% de garantía de sanarles. Cuando garantizamos la sanidad, podemos estar destacando el hecho de que, en realidad, no tenemos ni idea del tipo de problemas por los que están pasando. Es posible que Dios me sane milagrosamente a través de unas sales que se inhalan, o de un té, pero esa no es la prescripción normal para unos nervios mutilados que no funcionan.

Lo cierto es que las personas que pasan por dificultades probablemente ya han visto numerosos doctores, han realizado horas de investigación, y han pasado por diferentes tratamientos. Nuestro deseo de ayudar es bueno y necesario, pero a veces una de las mejores cosas que podemos hacer es simplemente estar ahí para ellos. Escuchar. Sentarse y consolarlos con un ministerio de presencia.

En lugar de entregar nuestras soluciones garantizadas, hagamos preguntas específicas para aprender más acerca de lo que están pasando. En ocasiones la mejor cosa que podemos hacer es preguntar: “Lo siento, ¿puedes ayudarme a entender mejor por lo que estás pasando?”. Y luego escuchar.

Error 2: Explicar su sufrimiento

Una segunda manera en la que a menudo pensamos que estamos ayudando, es explicando por qué la persona herida está sufriendo. Debido a que vivimos en un mundo quebrantado por el pecado, vivimos con la incómoda realidad de que las cosas no son de la forma que debieran ser. Vivir en esta tensión es difícil, y a veces intentamos lidiar con ello explicando la mente de Dios a otros. Al ver sufrir a alguien —mientras entierran a su hijo, sacan los escombros de incendio en el hogar, o lloran por un cónyuge infiel— siempre es incómodo. Pero no tenemos por qué sentir que nuestros amigos heridos están esperando que les expliquemos las intenciones de Dios para que ellos puedan suavizar finalmente el dolor.

Es sorprendente lo maravillosos que fueron los amigos de Job con él los primeros siete días. Ellos se vistieron de cilicio y de ceniza, y lloraron con él después de que perdió a su familia, sus medios de vida, y su salud. Pero entonces, de repente, empezaron a tratar de solucionarlo, diciéndole que su sufrimiento era culpa suya, y haciendo otras falsas acusaciones. Sin embargo, en realidad no tenían ni idea de por qué su amigo estaba sufriendo.

Se ha dicho que los amigos de Job fueron maravillosos hasta que abrieron sus bocas. Creo que eso es cierto. Deberíamos tomarnos tiempo para entender cómo le está yendo espiritualmente a nuestro amigo herido. Podríamos simplemente decir: “Lo siento mucho”, y luego escuchar para oír lo que está pasando en su corazón.

Puedes ayudar a la persona a explorar su salud espiritual, y no comenzar con la suposición de que su pecado le ha traído ciertas consecuencias. El quebrantamiento en este mundo no es siempre (ni siquiera es con frecuencia) un resultado directo del pecado individual de alguien. Vivimos en un mundo caído. Habrá dolor y muerte sin importar cómo vivimos.

Error 3: Prometer liberación

Una tercera forma en que pensamos que estamos ayudando es prometiendo liberación.

Durante la década pasada, varias personas de buenas intenciones me han dicho amablemente que Dios me iba a sanar. Intentaban animarme diciéndome que, como soy un hombre de fe y amo a Dios, sería sanado. Algunos han dicho incluso que, debido a que soy un pastor que hace la obra del Señor, sería sanado.

Bien, están en lo cierto y están equivocados. Dios me sanará un día, pero puede que no suceda en esta vida. Puede que nunca sea capaz de levantar a uno de mis hijos. Sin embargo, cuando llegue la plenitud del reino de Jesús, no derramaré otra lágrima sobre mi dolor o lucharé con las dudas. En esta vida puede que no sea capaz de poner los botones de mi camisa o ponerme los zapatos, pero en la era por venir estaré perfectamente revestido de la justicia de Cristo.

Cuando garantizamos al 100% que Dios librará a nuestros amigos de su sufrimiento en esta vida, estamos haciendo de Dios nuestra máquina expendedora cósmica. Ninguno de nosotros quiere que nuestro amigo rinda culto a una máquina expendedora cósmica sin saberlo. Queremos apuntar a nuestros amigos hacia el soberano Rey que está cerca de los quebrantados de corazón y que un día hará nuevas todas las cosas.

Canaliza su consuelo

El escuchar estas cosas nos puede poner nerviosos a la hora de ayudar a los que están heridos. En nuestra búsqueda de los heridos, recordemos a Aquel que también se preocupa de ellos. Jesús es Aquel que ha pasado por todo lo que tú y tu amigo herido han experimentado. Se enfrentó a la muerte, al rechazo, y a la ira de Dios al sacrificarse por los pecados de su pueblo. Enfrentó el dolor y el rechazo, y proporciona consuelo a aquellos de nosotros que también lo enfrentan.

Como escribió Pablo a una iglesia local:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3-4).

Cuando no sabemos qué hacer, confiemos en Cristo y sirvamos a nuestros amigos con el consuelo que Él nos ha dado.

Escrito por Dave Furman
Dave Furman sirve como el pastor cabeza de Redeemer Church de Dubai en los Emiratos Árabes, la cual plantó en el 2010. Hace diez años, Dave desarrolló una enfermedad nerviosa y batalla con una discapacidad en ambos brazos. Él y su esposa, Gloria, tienen cuatro hijos.
 
Fuente: https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/3-errores-a-evitar-al-ayudar-a-los-que-sufren

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