25

Ene

2017

9 oraciones para los que aún no se han casado

9-oraciones-para-los-que-aún-no-se-han-casado---Por-Marshall-Segal

 
La soltería puede ser un camino largo, solitario, y confuso, especialmente cuando es algo no deseado. Durante la mayor parte de mis veintitantos sentía que había nacido con el deseo de estar casado. Finalmente, Dios me dio una esposa hace poco más de un año, pero no sin antes caminar conmigo a través de una década tortuosa de tentación y a veces fracaso; de esperar, desear, y preguntarme por qué todavía no.

Durante los años he aprendido que Dios no garantiza alegrías temporales para sus hijos, como la salud física, el matrimonio, el éxito en el trabajo, o hijos. Y eso es porque Él está absoluta e incesantemente comprometido en darle a sus preciosos hijos e hijas lo que es mejor para ellos, cuando es lo mejor para ellos, y solo si es lo mejor para ellos. Nunca lo hace de otra manera (Romanos 8:28). No importa lo bueno que el regalo parece ser en el momento, o cuánto lo deseamos, o por cuánto tiempo lo hemos esperado, Dios no abandonará el mayor bien que nos ha prometido (2 Corintios 12:7-10).

Pero podemos estar tentados a abandonar a Dios, a renunciar a su plan para nosotros, o a darle la espalda por estar decepcionados. Realmente nos convencemos a nosotros mismos de que sabemos más, que podemos elegir mejor para nosotros que Dios. Estamos hablando del mismo Dios que vino y murió a un costo infinito para salvarnos. Pero no es así, y no podemos. Cuando empezamos a sentir que hemos sido olvidados o pasados por alto, o cuando dudamos del amor de Dios por nosotros, nos alejamos de Él cuando deberíamos correr hacia Él. En lugar de alejarnos, lo que realmente necesitamos es arrodillarnos y orar.

Si usted no sabe por dónde empezar en oración —cómo comenzar a hablar con Dios todos los días, o cómo rendirle sus deseos y dificultades relacionados a la soltería— aquí hay nueve oraciones para los que aún no se han casado, cada una con Palabra de Dios para ayudarle mientras anhela y espera.

1. No se haga mi voluntad, sino la tuya.

“Padre, si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:44).

No se haga mi voluntad, sino la tuya. Si esas ocho palabras y la fe detrás de ellas fueron suficientes para sostener a Jesús en la cruz por mi causa, deberían ser suficientes para sostenerme a través de cualquier cosa en esta vida por su causa. Prepárame para aprovechar al máximo el matrimonio o la soltería, lo que sea que hayas escogido y planeado para mí. Si no es tu voluntad que me case, ayúdame a ver todo lo que has planeado para mí —en los dones, en el ministerio, y en la soltería. De cualquier manera, que mi corazón esté firmemente anclado a ti, y no al matrimonio.

2. Revélame tanto de ti como sea posible mientras estoy soltero.

“Pidiendo que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él, que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” (Efesios 1:17-19).

Muéstrame más de ti mismo y moldea mi vida para revelar tu gloria. Mientras salgo del mar agitado de la vida y la soltería, fija mi fe y mi mirada en ti, tú que permaneces fuerte y confiable por encima de todo. Revela cuánto más grande y hermoso eres que el matrimonio, o cualquier otro sueño o deseo que pudiera tener.

3. Que esté completamente satisfecho ahora y no busque que alguien más me haga feliz.

“Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos… Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos… Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tus caminos… Afirma mis pasos en tu palabra, y que ninguna iniquidad me domine” (Salmo 119:10, 15, 37, 133).

Tú eres el único que realmente puede hacerme feliz. Ningún cónyuge, amigo, trabajo, o cantidad de dinero jamás podrían llenar el espacio dentro de mí que está hecho a tu medida. Tú eres más que suficiente para mí, y sin embargo mi corazón sigue siendo propenso a alejarse. Ordena mis afectos de acuerdo a tu incomparable valor y belleza, y protege mis ojos y mi mente de estar preocupados en algo o alguien fuera de ti. Captura mi corazón otra vez, y protégelo de todas las mentiras de Satanás.

4. Dile al mundo acerca de Ti a través de mi alegría y libertad en medio de la soltería.

“Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13:20-21).

Usa mi vida y mis dones para engrandecer tu nombre en el mundo. Quiero que mi vida cuente para la misión que nos has dado. Quiero que cuente hoy, mientras todavía soy joven y estoy soltero. Lléname con anhelo, creatividad y generosidad por el bien de tu gloria.

5. Dame fe para confiar en ti aun cuando camine solo a través del dolor y la decepción.

“Y dada la extraordinaria grandeza de las revelaciones, por esta razón, para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca. Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí. Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por eso me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:7-10).

Ayúdame a ver cada pérdida o decepción, cada momento de soledad, cada sueño no cumplido, cada deseo y cada evidencia de debilidad como una oportunidad para recordar y disfrutar la fuerza, la esperanza y el descanso que compraste para mí con la sangre de tu Hijo. Recuérdame que estás trabajando en todo esto, en cada detalle, en todos los sentidos, para mi bien.

6. Envíame la gente que necesito para seguirte.

“Y Él dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Entonces ya no seremos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error. Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquél que es la cabeza, es decir, Cristo, de quien todo el cuerpo, estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor” (Efesios 4:11-16).

Rodéame de gente que me ame y que te amen a ti más de lo que me aman a mí, especialmente mientras esté soltero. Revélame cosas de mí a través de sus ojos, su fe, su madurez, y sus palabras. Hazme un miembro de la iglesia local más saludable y efectivo. Dame un deseo profundo, duradero y cada vez mayor por servir a la iglesia local de cualquier manera que pueda. Líbrame de la ceguera y el egocentrismo del aislamiento.

7. Protégeme de convertir el trabajo en mi dios mientras espero el matrimonio.

“Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven” (Colosenses 3:23-24).

Ayúdame a ver cualquier éxito o progreso como evidencia de tu gracia, y apártame del amor al dinero y la aprobación humana. Libérame de la tiranía de la lista de tareas pendientes para el día de hoy, y recibe tú cada deber, cada reunión, cada tarea, y cada proyecto como actos de mi adoración.

8. Guárdame de adaptarme al mundo a mi alrededor, y hazme más como Jesús.

“Y esto pido en oración: que vuestro amor abunde aún más y más en conocimiento verdadero y en todo discernimiento, a fin de que escojáis lo mejor, para que seáis puros e irreprensibles para el día de Cristo; llenos del fruto de justicia que es por medio de Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1:9-11).

Termina el trabajo que has comenzado en mí y a través de mí, hazme cada día un poco más como Jesús. Líbrame de hacer cualquier cosa que haga lucir su muerte como algo barato o sin sentido. Equípame para cada vez más pensar, hablar y actuar como alguien que ha sido salvado a un costo infinito y a quien se le ha confiado la noticia más grande que el mundo haya conocido jamás.

9. Si me has llamado al matrimonio, ayúdame a tener citas de una manera diferente.

“Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:3-8).

Si permites que me case, prepárame para amar a mi marido o esposa con el amor y la gracia que me has mostrado a través de Jesús y su cruz. Dame claridad en el noviazgo, y guárdame de toda impureza. Que la paciencia, la generosidad y la humildad marquen cada relación —cada fecha, cada conversación, y cada paso hacia adelante o hacia atrás.

En cada paso de mi búsqueda del matrimonio, que quede claro que tú eres Dios, y que yo soy tuyo.

Escrito por Marshall Segal
Marshall Segal es el asistente ejecutivo de John Piper y editor asociado de Desiring God. Él es graduado de Bethlehem College & Seminary y vive con su esposa Faye en Minneapolis. Lo puedes seguir en Twitter.
 
Fuente: https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/nueve-oraciones-para-los-que-aun-no-se-han-casado

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