16

Dic

2014

Cómo desanimar a los artistas en la iglesia

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Muchos artistas cristianos viven en medio de dos mundos extraños. Su fe en Cristo parece extraña a muchos de sus amigos en la comunidad artística —casi tan extraña como su vocación de artistas le parece a algunos de sus amigos de la iglesia—. Sin embargo, los cristianos que han sido llamados a dibujar, pintar, esculpir, cantar, actuar, danzar y tocar música tienen oportunidades extraordinarias para honrar a Dios en su trabajo diario y para dar testimonio de la gracia, belleza y verdad del evangelio. ¿Cómo pueden los pastores (y las iglesias) animar a los cristianos con dones artísticos en su vocación como artistas cristianos?

Como pastor y presidente de una universidad, he descubierto algo triste: las artes no son siempre afirmadas en la vida de la iglesia local. Necesitamos volver a descubrir el arte en el contexto de la iglesia local. Es algo muy necesario porque el arte es una de varias cosas que dirigen la cultura.

También se necesita recuperar el arte porque este es un signo vital de la iglesia. Francis Schaeffer dijo una vez:

Para un cristiano que ha sido redimido por la obra de Cristo que vive dentro de las normas de las Escrituras y bajo el liderazgo del Espíritu Santo, el señorío de Cristo debería incluir un interés por el arte. Un cristiano debería utilizar el arte para la gloria de Dios, no solo como panfleto, sino también como un elemento de belleza para alabar a Dios.

En este artículo quisiera tomar un enfoque fresco y de alguna forma contradictorio, buscando responder a la pregunta “¿Cómo podemos desanimar a los artistas en la iglesia?”.

Como preparación, les he pedido a algunos amigos que respondan mi pregunta: a un actor, un escultor, un cantante de jazz y un fotógrafo. No es que sean unos llorones, pero lo que me dijeron fue casi un regaño (y me dijeron que fue divertido).

Esta es mi lista—no exhaustiva—de formas en las que las iglesias pueden desanimar a sus artistas:

1. Tratar el arte como un escaparate decorativo de la verdad en lugar de una ventana a la realidad. Ver el arte como algo simplemente decorativo o que entretiene en lugar de algo serio que puede cambiar vidas. “Algunas iglesias solo miman a los artistas, ‘permitiéndoles’ trabajar en un pasillo vacío o en alguna esquina olvidada con iluminación terrible donde puedan ser ‘decorativos”, me dijo David Hooker.

2. Dar la bienvenida al arte mal hecho. Tolerar estándares bajos de estética. Valorar solamente el trabajo que es totalmente accesible y que no es desafiante o difícil. Un ejemplo podrían ser las imágenes digitales y las fotografías en Powerpoint como fondo de las canciones de alabanza. Valorar el trabajo que es sentimental, que no toma riesgos, que no ofende, el que la gente puede “comprender”.

3. Valorar a los artistas solamente por sus dones artísticos, no por otras contribuciones que puedan realizar a la vida de la iglesia. Verlos solo en una dimensión, no como personas completas. Específicamente descartar a los artistas para puestos de liderazgo porque son demasiado creativos, porque no son analíticos, o porque son demasiado intuitivos.

4. Demandar que los artistas solo den respuestas en su trabajo, pero que no hagan preguntas. Mark Lewis dice, “Asegurarte de que tu pieza (o artefacto o representación) marque puntos agudamente teológicos o morales y que no se desvíe a un territorio no resuelto o que sea poco claro en alguna manera. (Las respuestas claras, por supuesto, son más valiosas que las preguntas)”. No permitir que el arte sea ambiguo o que ofrezca respuestas variadas. Exigir que el arte comunique de la misma forma a todos.

5. Nunca pagar a los artistas por su trabajo. Esperar que presten su servicio de forma voluntaria, sin reconocer su vocación ni creer que son obreros dignos de su salario. Note que los artistas del Antiguo Testamento y los músicos eran apoyados financieramente.

6. Cuando les pidas que sirvan a través del arte, decirles qué hacer y cómo hacerlo. No dar espacio al proceso creativo. David Hooker da el ejemplo de tomar el mural de la escuela dominical de niños y decirles: “Debe verse así y quiero que tenga esto y lo otro”, sin ver los planes del artista. Desanimar la improvisación y dar a los artistas una hoja de ruta en vez de un espacio creativo.

7. Idolatrar el éxito artístico. Añadir a la carga que los artistas ya sienten, validando solamente el llamado de los artistas que “lo están logrando”.

8. Validar solamente el arte que tiene una aplicación directa, por ejemplo, algo que comunica un mensaje del evangelio o que puede ser utilizado para el evangelismo. El artista Makoto Fujimura responde la siguiente pregunta en una entrevista en El Alto Llamado (The High Calling): “¿Cómo ve entonces el arte como evangelismo?” Él dice:

Existen muchos intentos de utilizar el arte como una herramienta para el evangelismo. Entiendo la necesidad de hacer eso pero, de nuevo, es convertir el arte en una forma de mercadería. Cuando nos orientamos al consumidor queremos ponerle precio a todo y queremos añadir un valor al arte, como si fuese necesario. Decimos que si es útil para el evangelismo, entonces tiene valor.

Y hay dos problemas con eso. Uno es que hace que el arte sea mucho menos de lo que potencialmente podría ser. Pero también, está comunicando al mundo que el evangelio en sí no es arte. El evangelio es esta información que necesita ser utilizada ser cargada por otro medio para llevarla.

Solo que eso no es el evangelio en absoluto. El evangelio es vida. El evangelio se trata del Dios Creador, que es un artista, que se está comunicando. Y su arte es la iglesia. Somos las obras de arte creadas en Cristo Jesús para hacer buenas obras. Si no nos damos cuenta de eso, entonces el evangelio mismo se ve truncado y el arte mismo sufre.

9. No dejar lugar para la lamentación. El llamado del artista es a enfrentar la oscuridad mientras sigue creyendo en la luz, sentir el silencio y la pena de Dios. Ruth Naomi Floyd pregunta: “¿Cómo pueden los artistas de fe trazar la oscuridad y el dolor del Viernes Santo hasta el gozo del Domingo de Resurrección?”.

Antes de mencionar la ultima forma de desanimar a los artistas en la iglesia, les menciono brevemente aquí algunas otras formas más simples:

  • No establecer límites razonables.
  • No permitir que los artistas experimenten la libertad creativa.
  • Pedir la opinión de los artistas y decidir no utilizarla sin ninguna explicación.
  • No dar a los artistas el regalo de escucharlos de verdad.
  • No predicar y enseñar el evangelio de Jesucristo.

10. El último elemento de mi lista es hacer que los artistas no se sientan completamente en casa en la iglesia. La mayoría de los elementos en esta lista reflejan el error que cometemos a la hora de entender el arte y dejar que el arte sea una exploración creativa de los potenciales de la creación. Esto es una carga pesada porque los artistas ya saben que como cristianos no se sentirán en casa en el mundo del arte —no adoran ídolos ni creen en sus mentiras—. N. T. Wright comenta:

En mi experiencia, el pintor, poeta, escultor o bailarín cristiano es considerado regularmente como una curiosidad para ser tolerada, para ser entretenido, quizás incluso para permitirle hacer una demostración de vez en cuando. Pero la idea de que son, o podrían ser, algo más que eso —de que tengan una vocación para volver a imaginar y volver a expresar la belleza de Dios, para elevar nuestros suspiros y cambiar nuestra visión de la realidad— a menudo ni siquiera es considerada.

Así que ¿crearías un hogar en tu iglesia para los cristianos llamados a ser artistas? Por favor, haz lo que puedas para acomodarlos porque ellos nos señalan hacia la eternidad. Como W. David O. Taylor escribe en su libro, Por la belleza de la iglesia:

Ya sea a través de la pintura o el sonido, la metáfora o el movimiento se nos da el inestimable don de participar en la obra recreativa del Dios triuno, anticipando esa inimaginable y final recreación de toda la materia, espacio y tiempo, el cumplimiento de todas las cosas visibles e invisibles.

 

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Escrito por PHILIP G. RYKEN
Presidente del Wheaton College y miembro del concilio de The Gospel Coalition.

Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/como-desanimar-a-los-artistas-en-la-iglesia


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