30

Nov

2015

¿Cómo reconstruyo un vínculo afectivo?

ser-perfeccionista-puede-arruinar-mi-vida-Bernardo-Stamateas

 
Hoy en día somos testigos de diversos y variados problemas de pareja, entre los que podemos mencionar la violencia de género, la infidelidad, etcétera. Pero uno de los factores que más inciden en una relación es la dificultad de reconstruir el vínculo afectivo.

En general, cuando surge el conflicto, un integrante de la pareja suele reclamarle al otro: “Quiero que me digas que me amás”, “Quiero que me beses como antes”, “Quiero que me traigas flores”. Pero el problema no es el planteo verbal, sino lo no verbal, aquello que no hablamos. Cuando falla el vínculo no verbal, aparece la demanda desde lo verbal. En este caso la persona, sea mujer o varón, está pidiendo una confirmación verbal para un problema que no es verbal. Y por más que él o ella le diga a su compañero que lo ama, no se resuelve nada. El anhelo por lo verbal se basa en la creencia o la ilusión de que de esa manera la pareja mejorará, pero lo cierto es que el problema nunca es verbal, sino no verbal.

El vínculo afectivo consiste precisamente en lo no verbal. Es el interés sincero por el otro. Esto se puede ver con claridad en la etapa del enamoramiento, es decir, la época en la que dos personas que se atraen mutuamente aún se están conociendo. En esa primera etapa existe un interés no fingido, un acercamiento, una aproximación, una mirada y lo no verbal coincide con lo verbal. La persona dice: “Te amo” y lo demuestra (lo sella) con una actitud corporal genuina. Lo hace una y otra vez hasta que el vínculo con el otro queda armado y el lenguaje no verbal ya está construido. Allí es donde no son necesarias las palabras y basta sólo con una mirada.

Ahora, cuando una pareja comienza a llevarse mal, no es lo verbal lo que anda mal, sino lo no verbal, es decir, el vínculo afectivo de interés sincero por el otro. Esa conexión no verbal es lo que es necesario recomponer. ¿Cómo reconstruimos esa conexión?

En primer lugar, debemos dejar en claro cómo no se construye. El vínculo afectivo no se construye diciéndole al otro lo que quiere escuchar (“Te amo”, “Estoy interesado en vos y en nadie más”, “Seguís siendo atractivo para mí”, etcétera). Tampoco se construye con una lista de lo que se espera del otro (“Que vayamos al cine”, “Que me trates bien”, “Que prepares la comida que me gusta”, “Que me apoyes en lo que hago”, etcétera).

El vínculo no consiste en palabras ni en una lista de tareas, sino en el interés espontáneo y sin fingimientos por el otro que se expresa en el cuerpo. Cuando este falta, tiene lugar el reproche, lo cual es una imposición y en una pareja nada se resuelve por obligación, sino por deseo.

El vínculo afectivo se reconstruye de dos maneras:

-Recordando los buenos momentos vividos. Cuando recordamos un momento feliz, nos emocionamos y revivimos lo que sentimos en esa ocasión en el cuerpo. Por ejemplo, cuando recordamos cómo nos conocimos, cómo nos mirábamos, cómo y dónde nos besábamos o cómo nacieron nuestros hijos. ¿Cómo te enamoraste de él o de ella? ¡Reviví siempre los buenos momentos! Cuando yo les pregunto a las parejas en conflicto cómo se conocieron, se les transforma el rostro y la mayoría de las veces vuelven a unirse. Necesitamos entrenarnos en recordar, en reexperimentar, en revivir los buenos momentos que hemos tenido como pareja, como familia, con nuestros seres queridos.

-Recordando los momentos tristes vividos. Recordar los momentos difíciles que atravesamos y superamos juntos también nos lleva a volver a sentir en el cuerpo el interés sincero que un día tuvimos por el otro. Traer a la memoria los momentos duros, las pruebas, como enfermedades, muertes o crisis económicas, nos hace revivir el dolor, pero además la victoria de haber salido adelante juntos, la unión, el afecto. Y de esa manera el vínculo es reconstruido.

Muchas personas no saben cuidar y reconstruir su vínculo afectivo, ese interés por el otro que nace del corazón, que no se expresa con palabras, sino con el cuerpo y un día los unió. Si logramos armar ese vínculo tan valioso y además le sumamos un “Te amo”, un “Te quiero”, le aplicamos un resaltador a la relación. Hay parejas que se miran y con eso les basta para afianzar el vínculo, pero si a eso le añadimos lo verbal, construimos una relación “a prueba de balas”, que es capaz de atravesar y salir indemne de cualquier tormenta. Bien vale la pena, ¿verdad?

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