23

Nov

2011

D. Blakeney: impactante conversión de un ex esclavista, mercenario y traficante de armas

En muchos países se conoce el curso AlphaLive, llevado a cabo tanto por evangélicos como católicos, y que tiene como objetivo ofrecer la oportunidad de conocer a Jesús partiendo casi de cero. Centenares de personas se han convertido a Dios después de asistir a uno de estos cursos.

Entre las personas que han conocido a Dios, está Dave Blakeney, un hombre que llegó a traficar con personas en África. Su impactante historia se explica en los ejemplares de Alpha News, en su número de enero de 2009.

Dave Blakeney entró en el ejército inglés con 16 años. En 1973, con 23 años, le invitaron a trabajar como guarda de seguridad en las compañías mineras de Sudáfrica. Cuando llegó al continente, entró como mercenario en el ejército angoleño por 250 libras semanales, una gran cantidad por aquel entonces. Sólo se quedó un mes en el ejército, porque un belga, veterano de diez años en la Legión Extranjera Francesa, le ofreció unirse a un grupo de ex soldados: “Aquí hay mucho oro y diamantes y nosotros lo robamos”, le explicó el mercenario.

Dave ingresó en la banda. Además de asaltar minas, secuestraban nativos, sobre todo niños de hasta doce años. “Practicábamos el esclavismo. Nos daban una libreta con una lista de gente y nos la llevábamos allí donde la encontrásemos, en la aldea, en el río… Después los vendíamos. Para mí era importante no ser distinto de los otros tipos de la banda, así que hacía lo que ellos hicieran, y eso incluía matar gente”, explica ahora Blakeney.

Según él, Dave creía en Dios, pero a su manera. Pedía a Dios que le protegiese, y a cambio prometía ir algún domingo a la iglesia. Pero de hecho nunca lo hizo.

LA MUERTE Y EL LUJO, DE LA MANO

Cuando llevaba un año como mercenario, un guerrillero antigubernamental de la UNITA le atacó con un cuchillo, le cortó dos dedos y se lo clavó en el estómago.
Blakeney explica la experiencia sin miramientos: “Mis intestinos se estaban saliendo y yo intentaba mantenerlos dentro. No me dolía, pero chillé histéricamente. Un compañero me lo metió todo dentro del abdomen, me llevó en helicóptero a un misionero médico, le puso una pistola en la cabeza y le dijo ´si este tío se muere, doctor, usted también muere´. El doctor puso todo en su sitio y me cosió. Ahora sí dolía mucho, pero tuve suerte, porque mis órganos internos no quedaron dañados. Si había un Dios, debía estar cuidándome. Sé que debería haber muerto”.

Meses después, la banda se reunió en Francia y repartieron el botín. Con 24 años y 28.000 libras en una bolsa de papel, Dave volvió a Inglaterra. Compró hasta 9 casas que alquilaba a estudiantes en Manchester. Con 25 años se casó con la hija de un inspector de policía. Pero cuatro años después la abandonó, dejándole 8 de las casas, para irse a vivir con otra chica a España. Con su nueva compañera, hizo un viaje por Marruecos, pero a desembarcar del ferry en Algeciras, la policía española encontró 68 kilos de hachís en su coche. Condenado a diez años, sólo cumplió doce meses pero gastó su dinero en detectives privados y abogados.

DROGADICTO Y VAGABUNDO 

Viéndose en bancarrota, Blakeney se dedicó a falsificar cheques. Ganaba mucho dinero, que gastaba inmediatamente en su adicción a las drogas. Mil libras semanales en heroína y cocaína, primero fumada, luego inyectada. Traficó con drogas y con armas, que introducía en Irlanda del Sur. En 1994, le condenaron a siete años de prisión por haber dado deliberadamente una sobredosis a un pedófilo que había molestado a los hijos de su pareja. Cumplió los siete años, pero al salir volvió a traficar, para mantener el alto ritmo de vida de su nueva mujer, también adicta la heroína. En 2002, harto de esa vida, la abandonó y se fue a vivir en las calles, sin dinero en el bolsillo.

Viviendo como mendigo, conoció a un hombre que con su camioneta repartía bocadillos y bebidas para gente sin hogar en Manchester. “¿Por qué no vienes a Alpha? Te recogeré a las siete el miércoles, habrá algo de comer”, le dijo un día. Para Dave, que como mendigo comía sólo una vez al día, y no siempre, era una oportunidad. “Eso me cubre el miércoles”, pensó en ese momento, según explica.

COMIDA Y BIBLIA 
Alpha es un curso básico de introducción al cristianismo, muy conocido alrededor de Europa, que promueven tanto protestantes como católicos. Allí asistían otras 20 personas sin techo. Después de la comida, había una charla sobre la fe, pero a Dave aquello no le decía nada. Seguía drogándose, aunque su situación física ya era lamentable. Eso sí, durante el curso se tomaba tiempo para leer la Biblia, con el objetivo de buscar preguntas difíciles que plantear en los encuentros, “a ver si encontraba alguna que no supieran responder”.

Al finalizar el curso, volvió a apuntarse al siguiente, sólo por la comida. También se animó un día a ir a la iglesia, un día que había un bautismo, y le impresionó la amabilidad y alegría de la gente. “Podía ver en sus caras algo que normalmente no se ve”, recuerda Dave. “Si invitas a Jesús a tu vida, también tú lo tendrás”, le dijeron. Dave creía en Dios, pero no creía en Jesucristo ni en la idea de que “alguien murió por mí hace 2.000 años, cuando no consigo ni que mi mujer me prepare una bebida”, explica ahora.

Pero decidió orar cada noche, antes de dormir. A menudo lo hacía después de drogarse, “porque es más fácil orar, o hacer cualquier cosa, después de meterse un pico”, explica Blakeney. Su oración era siempre la misma: “Aquí me tienes, Dios. Hazme entender eso de tu chaval, porque yo no lo veo en absoluto. Si me lo haces entender, fliparé. Gracias, amén”.

EL CAMBIO IMPOSIBLE 
Se dirigió a Dios así, durante cuatro meses. Hasta que una mañana, en 2003, con 53 años, Dave se levantó “y entendí perfectamente por qué Jesucristo había muerto por mí. Perfectamente”. Realmente “flipaba a tope”, recuerda. Al día siguiente fue a la iglesia a contárselo a sus amigos y se asombraba de que sin haberse drogado al largo de tres días, se sentía bien, cuando “debería estar retorciéndome de agonía por el suelo, tener diarrea, sentir mis huesos temblar”. Dave conocía los síntomas de la abstinencia por su periodo sin drogas en prisión. Pero no sentía ninguno. “No he vuelto a probar las drogas desde entonces”, asegura.

Ese domingo entregó su vida a Jesucristo así: “Jesús, te quiero en mi vida, lamento realmente el lío en que la he convertido; ven a mí y enderézame”.

Su vida cambió a partir de entonces. Consiguió un trabajo. Se bautizó el domingo de Pascua de 2003. “Ahora oro cada día y leo la Biblia cada mañana”, explica. Invita a gente sin hogar a los Cursos Alpha que organiza en su casa. Pasa a buscar a gente sin techo en una furgoneta y les dice: “ven, tendrás una comida gratis y así cubrirás el día”.

Ahora, en su iglesia hay un cartel contra el tráfico de esclavos. “Veo la esclavitud en ese póster y me recuerda mi pasado, lo que hice”, lamenta. Pero es un pasado que sabe que Dios ha perdonado. “Jesucristo es la mejor jugada que puedas hacer, tu proveedor, tu mejor compañero. Él está vivo”, dice ahora.

 

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