19

Sep

2016

El peligro de ‘fingir’ en el ministerio

el-peligro-de-fingir-en-el-ministerio-por-kathy-keller

Cuando Tim (Keller) y yo comenzábamos en el ministerio, una persona sabia nos dijo algo sorpendente acerca de los peligros que nos enfrentaríamos: “Estar en el ministerio o te hará un mejor cristiano, o un cristiano mucho peor”. Yo podía entender fácilmente cómo podría hacerte un mejor cristiano —solo piensa en todos los estudios biblicos y la oración que estaríamos haciendo, y todos los libros cristianos que estaríamos leyendo–. ¡Seguramente la discusión y el uso de los medios de gracia todos los días sólo nos ayudaría a llegar a ser sabios, maduros y piadosos!

Como vino de una persona que respetamos, me sentí obligada a considerar la posibilidad que podría saber algo que yo no sabía en la forma en que ministrar a otros podría hacerte un cristiano peor. En los casi 40 años desde que escuché esas palabras, he llegado a creer firmemente que lo que nos convierte en un cristiano peor —frío, distante de Dios, hipócrita, e incluso participar en escándalos que destruirían tu vida— es mucho más fuerte cuando estás ministrando a otros que los beneficios que pueden derivarse de la asociación diaria con cosas espirituales.

Una explicación que casi siempre es sugerida es que el diablo tiene un mayor interés en atacar a los que hablan de Cristo (y estoy incluyendo tanto voluntarios, como los de “ministerio profesional”) con el fin de hacerles fracasar en su influencia para el evangelio. Sin embargo, lo que nos puede hacer las fuerzas de la oscuridad a nosotros no es nada comparado con lo que nos hacemos a nosotros mismos.

El día vendrá cuando tienes que dar un sermón, o aconsejar a alguien en necesidad, o escuchar un alma afligida, y no estarás en condiciones para hacerlo. Puedes estar rezagado en tu vida de oración, o si tienes una relación no reconciliada que necesita atención, o cualquier cantidad de cosas puede interrumpir tu comunión con Dios y tu gozo en el evangelio. (¡Conocí a una mujer que decía que había tomado “incapacidad por maternidad” de su relación con Dios!). Cuando llegue ese día debes sentarte a cualquier gasto de tiempo y de la ruina a tu horario, y arreglar las cosas con Dios. Entonces, y solo entonces, debes intentar a ministrar en Su nombre.

¿No tienes el tiempo?

La tentación será, y lo que la mayoría de nosotros realmente hacemos, es decir, “Yo no tengo el tiempo para arreglar la comunión con Dios antes de este sermón/lección/sesión de consejería/asunto pastoral. Pero yo sé lo que hay que decir o hacer, así que voy a hacerlo (aunque mi corazón está frío) y luego arreglar las cosas con Dios después”. Y si no tienes suerte, podrás salirte con la tuya. El mensaje es predicado y a la gente le gustó. La persona con quien se reúna profesa gratitud y parece que recibió ayuda. La reunión se hizo sin problemas. Así que lo vuelves a hacer. Una y otra vez. Una y otra vez.

Y después de un tiempo casi no puedes admitir a ti mismo que estás fingiendo interés en la otra persona, fingiendo entusiasmo por Cristo y su evangelio, fingiendo toda la vida Cristiana, porque ni siquiera te acuerdas qué era tener una relación vibrante a Dios. Tu vida está vacía. Todavía puedes aparecer y sonar bien en el exterior, pero adentro la realidad de la presencia de Dios está ausente.

A veces esta falsedad se descubre cuando un cristiano aparentemente fuerte y vibrante se encuentra viviendo una vida doble —adicto a la pornografía, drogas o alcohol, o teniendo una aventura, o participando en algún otro escándalo–. Si no pasas por una humillación pública (que no es lo peor que te puede suceder, ya que por lo menos te despierta a tu condición espiritual), el vacío de tu corazón puede llegar a un nivel tal que ya no puede ser ignorado. Tal vez tu fe tambalea, o te has vuelto cínico acerca de la posibilidad de conexión genuina con Dios, suponiendo que los que lo proclaman son engañados.

O tal vez llega la depresión y, con ella, el deseo de dejar el ministerio completamente. Y lo peor de todo es que tal vez simplemente sigues adelante, diciendo las palabras, sonriendo la sonrisa, orando con las personas necesitadas, y haciendo la rutina, todo el tiempo deseando internamente en otro lugar. Puedes ser lo suficientemente inteligente como para ocultar el vacío en tu corazón de aquellos que miran a ti para alimentación espiritual, pero los que te conocen mejor son conscientes de la falta de conexión entre tu personalidad exterior y tu corazón sin amor. Muchos hijos adultos que crecieron en la iglesia tienen recuerdos amargos entre ellos y la fe de los suyos, debido a los padres que eran una cosa en el exterior y otro en el interior.

¿Cuál es la respuesta? Correr a Cristo en arrepentimiento, no importa en qué nivel o por cuánto tiempo la desconexión ha estado operando, y lánzate en su misericordia. Él perdona libremente. Los únicos que no encuentran el perdón son los que se lo niegan a pedir.

Además, encuentra un amigo espiritual o un grupo con que te puedes confesar lo que ha estado sucediendo y hazte responsable de hacer cualquier cambio en tu vida necesaria para volver a tu primer amor. El peligro es real y muy peligroso. Tu vida puede explotar, o puede implosionar lentamente. Sin embargo, “fingiendo” con el fin de simplemente seguir en tu ministerio es como navegar en las rocas. Haces naufragio de tu fe, y tomas a un montón de otras personas contigo.

Escrito por Kathy Keller
Kathy Keller sirve como ayudante de dirección de comunicaciones en la Iglesia Presbiteriana Redentor en la ciudad de Nueva York. Es co-autor junto a su esposo, Tim, de El significado del matrimonio.
 
Fuente: https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/el-peligro-de-fingir-en-el-ministerio

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *