13

Ene

2018

El poder de la confesión en tu grupo pequeño

 
Nuestro grupo pequeño es diferente a cualquier otro grupo que he conocido. No es porque todas nos llevamos bien (aunque lo hacemos), ni porque tengamos la misma manera de pensar (aunque sí la tenemos). Y sin lugar a dudas no es porque lo tengamos todo resuelto.

En realidad, el hecho de que no lo tenemos todo resuelto es la razón por la que amo a nuestro grupo pequeño. La confesión marca nuestro tiempo juntas, y ha cambiado al menos tres cosas: la forma en que interactuamos, la forma en que oramos, y la forma en que buscamos la piedad.

1. La confesión cambia las relaciones.

En un ambiente de grupo pequeño, las paredes bajan cuando todos caminan en la luz. Pero esto no es lo único que sucede. Debemos elegir apartar nuestro orgullo y hablar abiertamente sobre el pecado. Al principio, esta charla se siente incómoda, pero tan pronto confesemos unas a otras, más pronto las relaciones con gracia caracterizarán al grupo.

La confesión honesta derrite el espejismo de que ciertas personas son “mejores cristianos”. Nos permite vivir en el terreno plano de la cruz, más que en los falsos mundos de la comparación, la culpa, el orgullo, y la condenación. La confesión, o la falta de ella, también fluye del caminar de cada persona con Cristo. Si caminamos en la luz delante de Él, nos sentiremos más cómodas caminando en la luz ante los demás.

Dios tiene un plan único para cada grupo pequeño, así que la confesión se verá diferente para cada uno. Pero, ¿las integrantes de tu grupo confían unas en otras? ¿Están sus relaciones basadas en la verdad? ¿O estás evitando algunos temas, especialmente el pecado? Persigue relaciones honestas orando y practicando la confesión con mayor intencionalidad. Nuestros miembros de grupos pequeños han aprendido a confiar unas en otras como resultado de la confesión. Nuestras interacciones, tanto durante el tiempo de grupo como fuera de él, se han beneficiado enormemente.

2. La confesión cambia la oración.

La Escritura da muchos ejemplos de cómo podemos orar unos por otros. La confesión regular en nuestros pequeños grupos nos permite hacer estas oraciones específicas.

Por ejemplo, puedo orar por mi hermana en Cristo desde el Salmo 119: “Señor, aparta sus ojos de mirar cosas sin valor, y dale vida en tus caminos”. ¡Es una oración maravillosa! Pero conociendo su lucha específica al compararse con una compañera de trabajo, podría orar: “Señor, aparta sus ojos de la comparación con Karen y sus logros, y dale vida en la obra terminada de Cristo a su favor”.

Nuestro grupo normalmente termina la noche en oración después de discutir y aplicar la Palabra de Dios. Algunos de nuestros momentos de oración más específicos y llenos de la Palabra han estado seguidos de humildes confesiones y las conversaciones que estas traen entre el grupo.

Líderes y facilitadores pueden hacer que las cosas se muevan dando un ejemplo. Da el primer paso. Confiesa genuinamente a tus hermanos y hermanas. Luego pide oración específica alrededor de tu confesión y haz que el grupo ore por ti. Fíjate si cambia la dinámica de la oración grupal.

3. La confesión nos cambia.

Lo más importante es que la confesión estimula el crecimiento espiritual cuando Jesús nos perdona y nos limpia del pecado. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros”, escribe el apóstol Juan. “Pero si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1: 8-9). Cuando confesamos nuestro pecado, recordamos el evangelio; que Cristo vivió, murió, y resucitó para que fuéramos perdonados y purificados por su sangre. Entonces andamos en esta verdad, apartando el engaño del pecado delante de Dios y de los demás. La confesión y el arrepentimiento son una parte integral de progresar en la vida cristiana.

La confesión genera un santo descontento por nuestro presente estado espiritual y el deseo de ser más parecidos a Jesús. Nos ayudamos mutuamente a crecer en la piedad confesando pecados específicos y siendo abiertos a la retroalimentación, la enseñanza, incluso la reprimenda llena de gracia. Cuando valoramos la confesión en grupos pequeños, en última instancia valoramos la transformación del Espíritu Santo. Él produce la convicción sobre el pecado, y Él nos da el fruto apacible de la justicia en nosotras mientras somos entrenadas por la disciplina amorosa de Dios (Heb. 12:11).

Que en nuestra época de “autenticidad” y “vulnerabilidad” nos deleitemos en la confesión bíblica arraigada en el evangelio purificador de Cristo. Sin ella, y especialmente cuando la evitamos, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Pero con ella, disfrutamos de relaciones llenas de gracia, de oración llena de la Palabra, y de vidas llenas del Espíritu.

La confesión señala a Jesús y, en última instancia, nos cambia a cada una de nosotras.

Escrito por Josh Squires
Josh Squires tiene grados en consejería y divinidad. Actualmente se desempeña como pastor de consejería y atención a la congregación en la Iglesia Presbiteriana First en Columbia, Carolina del Sur, donde vive con su esposa Melanie y sus 4 hijos.
 
Fuente: https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/hombres-la-intimidad-comienza-con-escuchar-bien

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