18

Dic

2013

¿Enamorado del éxito o de las almas?

Enamorado del éxito o de las almas

Toda espiritualidad que se auto promueve ya tiene algo de enfermedad.

Todos aquellos líderes que van por la vida propagando sus virtudes estarán siempre a un paso de la catástrofe moral y espiritual. Cuando escuchamos a personas que hablan de sí mismas como si fuera de otras personas, de un personaje, es porque estamos ante un candidato al desastre. La historia es un fiel testigo que esto siempre fue así. Por eso es preocupante que haya tantos jóvenes queriendo “llenar estadios”, “conmover naciones” o “llegar a la televisión” y no porque esas metas estén mal en sí mismas, sino porque es muy probable que la motivación este totalmente fuera de la voluntad de Dios.

También creo que es probable que ahora mismo estés leyendo esto y digas: “¡Tú hablas de no enamorarse del éxito porque ya predicaste ante multitudes, ya lo viviste y no quieres que yo también lo viva, ahora es mi turno!”, y para que notes que no se trata de una confabulación en tu contra, es por ello que quiero hacerte un par de aclaraciones pertinentes al caso.

Yo si quiero que se levanten predicadores de multitudes, deseo que muchos de nuestros líderes ganen premios, sean relevantes en la sociedad, promuevan una nueva cultura, sean formadores de opiniones, manejen cadenas televisivas y logren ser personajes influyentes; de hecho, ¡Dios permita que tú seas uno de ellos! Al cabo es lo que predicamos y por lo que oramos durante años. Lo he proclamado en cuanto lugar Dios me ha permitido hablar y me ha prestado los oídos del público. Una y otra vez le he dicho a esta generación que se anime a llegar a lugares que hace unos años ni nos hubiésemos atrevido a pensar.
Por eso quiero dejar claro que el problema no incide en tener un sueño grande, lo patético es que tu motivación sea la equivocada o lo que es peor, que ni siquiera estés dispuesto a pagar el precio para que eso suceda.
Si quieres “llenar un estadio” solo porque te gustaría verte allí, en medio de una ovación y rodeado de flashes fotográficos, lo más probable es que nunca alcances ese sueño porque Dios no tiene que ver en el asunto, es solo una ambición como aquella que puede tener una niña de llegar a ser bailarina o un muchacho con ser astronauta, solo que en este caso está disfrazado de reverencia.

Necesitamos sincerarnos de forma brutal y decir: “¿Por qué quiero ser famoso? ¿Por qué necesariamente quiero ser relevante?” y si la respuesta es porque queremos mostrarle a los demás que Dios nos usa, debemos regresar a las bases de manera urgente.
Cuántas veces hemos oído a alguien decir: “Ya Dios me va a levantar y le va a tapar la boca a los que no creyeron en mi”?, y aunque como en el caso de José, algún día quienes te vendieron se inclinen ante ti, o como en el caso del salmo de David el Señor “prepare la mesa para ti, en presencia de tus angustiadores”, la motivación sigue siendo incorrecta, Dios no va a levantarte para calmar tu sed de venganza o de revancha ante los demás. La línea es demasiado delgada, pero no deja de ser una frontera que no debiéramos cruzar.

Tienes que estar enamorado de las almas…no del éxito.

Escrito por Dante Gebel

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