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Jun

2017

Eres más que tu pasado: Noviazgo con un historial sexual

 
Hablar de un historial sexual con la persona con quien estás saliendo y conociendo puede tornarse mal muy rápidamente. En una milésima de segundo puede convertir una relación de pareja sana en un juego de manipulación y control. Cuando se revela la historial sexual, ambas partes pueden sentirse traicionadas por diferentes razones. Cada frase adquiere la cadencia de una amenaza, un ultimátum. Cada pregunta puede aterrizar como un gancho izquierdo.

“Pensé que me amabas”.

“Es un asunto ya resuelto en Cristo, ¿por qué es tan difícil para ti?”.

“¿Qué tipo de dolor o preocupación puedo expresar?”.

Tratar con un historial sexual puede convertir la intimidad en un campo de batalla, y el afecto en una telaraña de errores pasados, de juegos de poder y cuchillos afilados. He estado en ambos lados de esta conversación. Permití que la inseguridad tomara el mando. Permití que mi ego se convirtiera en lo que más protegía y apreciaba, en lugar de la valiosa y vulnerable imagen de Dios que estaba delante de mí.

Es raro que dos cristianos tengan las herramientas adecuadas para apaciguar esta conversación. El noviazgo es un tipo de relación inestable; puede terminar en matrimonio o en una ruptura. Un historial sexual solo complica las cosas. Nos puede volver nerviosos, cautelosos, despiadados, implacables, y duros para perdonar. Pero, por la gracia infinita y misteriosa de Dios, también puede ser un tiempo para reparar, excavar, apreciar, y aprender… si tenemos el valor de hacerlo.

Las emociones gemelas de tener un noviazgo con un historial sexual son la vergüenza y la impaciencia. Vergüenza, porque te sientes expuesto y juzgado por el peso de la pureza de la otra persona. Impaciencia, porque quieres dejar que el pasado sea el pasado, y te niegas a ser rechazado y descartado por un pasado con el que has tratado con diligencia tanto con el Señor como con la iglesia.

Vergüenza

“Lo siento”.

“No se lo puedo decir”.

“¿Y si termina conmigo?”.

Hay algunas cosas prácticas a tener en cuenta para aquellos que se sienten avergonzados por su historial sexual.

  • En primer lugar, no entres al juego de hacer comparaciones. No tener un historial sexual no equivale a ser puro de corazón. Así no funciona el corazón (Mat. 5:28). Tampoco la ausencia de un historial sexual trae seguridad a la relación. Buscar a la persona con el historial “más limpio” es un intento de controlar el futuro; no es buscar la santidad, sino un “golpe de estado” divino al tratar de controlar muy cautelosamente nuestra propia seguridad y poder. También puede menospreciar la gracia soberana y santificadora de Dios. Tu historial dice menos de ti que lo que un acusador podría hacerte creer. Si realmente has puesto tu esperanza en Jesucristo, y te has comprometido a buscar permanentemente la santidad, tu historial ya no te puede condenar.
  • En segundo lugar, protege tu propio corazón de la manipulación de otra persona. Tus pecados pasados ​​no fueron en contra de tu pareja actual, así que no permitas que te obliguen a practicar más inmoralidad sexual. Sí, el pecado tiene consecuencias en tiempo real para ellos, y es posible que eventualmente haya la necesidad de disculparse por ello. Pero le dice David a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Sal. 51:4). Eso significa que no permitas que la vergüenza de tu historial sexual le dé a tu pareja el poder de aprovecharse de ti, tal vez incluso de una manera sexual, para “compensar” el déficit que ellos sienten en contra de tus relaciones pasadas. Tú no les debes nada. El insistir en algo más es la obra del mentiroso (Prov. 19:22). A menudo, la vergüenza puede ser un semillero a más pecado. Es esencial estar consciente de ello.
  • En tercer lugar, tu pecado ha sido cancelado y cubierto en Jesucristo (Col. 2:13). La victoria violenta e irreversible que Jesucristo ganó sobre la muerte y la culpa tiene la última palabra sobre tu pecado: “Hijitos… perdonados” (1 Jn. 2:12). Que ese sea el lente a través del cual te comprendas a ti mismo y a tu pasado. Cualquier otra voz, incluso una que ha sido herida u ofendida o amenazada, no tiene la última palabra. Eres profundamente amado y apreciado (Ef. 5:1). Dios tiene un plan para ti, no menos que cualquier otra persona (1 Tim. 1:16). No eres un ciudadano de segunda clase en el reino. No eres una opción de segunda para un cónyuge cristiano. Eres un hijo de Dios, y Él no castiga los pecados del pasado con pruebas o dificultades circunstanciales. Él castigó tus pecados, sexuales y de otro tipo, en la cruz. “Pero El fue herido por nuestras transgresiones, […] el castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por Sus heridas hemos sido sanados” (Is. 53:5).

Impaciencia

“Este es mi pasado. Lidia con ello”.

“¿Por qué no puedes superarlo?”.

“No es gran cosa. Solo confía en mi”.

Tu pareja reaccionó a tu pasado: se siente herida e insegura, y hace un número abrumador de preguntas. Su dolor parece resentido, amargado, juicioso, despectivo, e injustificado. La vergüenza puede hacer que se sienta acorralada y enfurecida. Su inseguridad se asemeja una profecía de tu rechazo y humillación. El miedo está en la raíz de los peores tipos de frustración e impaciencia. Aquí algunas cosas para tener en cuenta.

  • En primer lugar, las reacciones anteriores que personas hayan tenido por tu antecedente sexual no dictan en ninguna manera cómo el próximo novio o novia lo va a asimilar. Dales el beneficio de la duda que quieres de ellos (Luc. 6:31; 1 Cor. 13:7).
  • En segundo lugar, sé paciente con ellos (1 Cor. 13:4). Será difícil. Si no es difícil en lo absoluto, entonces es igual de alarmante. Ellos se están enfrentando a muchos pensamientos, miedos, e imaginaciones en sus propios corazones que serán difíciles de sobrellevar. Una vez más, esto puede hacer que te sientas juzgado, con miedo de quedarte solo, y desencadenar sentimientos y temores pasados. Ámalos al darles espacio y tiempo para luchar. Trata de no permitir que la conversación se convierta en una conversación de un “yo contra ti”. No trates de ganar la pelea. Intenta ganar a tu hermano o hermana en Cristo: “La mujer agraciada alcanza honra, y los poderosos alcanzan riquezas” (Prov. 11:16). Obtén honor.
  • En tercer lugar, evita presionar físicamente con el fin de nivelar el campo de juego. Es decir, para darles un pasado sexual que puedas recriminarles. Este es el epítome del egoísmo, y muestra la altura a la que puede llegar el engaño del pecado: el tratar de hacer frente a tu propia culpa al arrastrar a otras personas a caer en pecado contigo. “Miren que ninguno devuelva a otro mal por mal, sino que procuren siempre lo bueno los unos para con los otros, y para con todos” (1 Tes. 5:15). No dejes que la bruma de la vergüenza o el dolor o la inseguridad se conviertan en el terreno para entrar en más pecado.
  • En cuarto lugar, asegúrate de que tu pasado esté realmente en tu pasado. ¿Todavía estás teniendo fantasías sobre tus encuentros sexuales pasados? ¿Estás justificando encuentros coquetos con otras mujeres mientras cortejas a tu pareja actual, dandole “me gusta” en Twitter, mandando mensajes en Facebook, yendo intencionalmente a sus cafeterías favoritas? Si es así, la mujer con quien estás saliendo en estos momentos tiene todo el derecho a la incertidumbre y la inseguridad que está expresando.

    No tienes que ser perfecto para salir con alguien. La perfección no es un requisito para el amor. Pero la integridad sí lo es. Asegúrate de que estés experimentando verdadera victoria y progreso en tu pureza personal antes de comenzar a tener citas y tratar de tener estas conversaciones difíciles con alguien. La deshonestidad en el principio o fundamento de un matrimonio es un camino hacia la destrucción: “La integridad de los rectos los guiará, pero la perversidad de los traidores los destruirá” (Prov. 11:3).

  • En quinto lugar, ora por tu pareja (1 Tim. 2:8). Que Dios le dé palabras de gracia para hablar (Luc. 4:22), que Dios le dé una sobria comprensión de su propio pecado (1 Tim. 1:15; 1 Jn. 1:10), y que el amor entre un hermano y hermana en Cristo se vea reforzado y fortalecido al glorificar a Dios (2 Tes. 1:3).

Amar sin esperar nada a cambio

Al final del día, la persona con quien estás saliendo quizá no sea capaz de aceptar tu historial sexual. Tal vez se vaya, y eso encajaría perfectamente dentro de su libertad cristiana. Tú podrías poner mala cara y reflexionar sobre los defectos de la otra persona, pero la realidad cruda y fría es simplemente esta: te enfrentas a las consecuencias en tiempo real de tus pecados pasados. Dios no te está juzgando. Él no está implementando una ley de “karma”, o de efecto, en tu caso. David Powlison lo pone así: “Dios construye, en el funcionamiento interno de cómo dirige tu universo, la ley de la siembra y la cosecha” (“Inocent Pleasures” [Placeres inocentes]).

Vas a estar bien. Duele mucho. Pero Dios nos guía a través de este tipo de cosas para nuestro bien. Si Él nos permitiera ser rebeldes sin tener repercusiones, todos tendríamos dañados los nervios espirituales. Nos quemaríamos y lastimaríamos por no sentir el dolor de nuestras decisiones peligrosas. En contra de todas las cosas terribles que podamos sentir acerca de nosotros mismos, Dios nos da tres cosas cuando somos rechazados debido a nuestro historial sexual. Él nos da honor, nos sana, y nos da esperanza.

Él nos da honor, porque elegimos amar por el amor que hemos recibido, y no por avaricia. “Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa tienen? ¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos?” (Mat. 5:46). Amar sin reciprocidad es sentir las punzadas de Jesús a quien hemos rechazado. El confiar en Dios lo suficiente para amar y no ser amado es ser contados con Cristo, y hay honor en ese tipo de fe.

Dios nos sana, porque Él hace su mejor trabajo en medio del quebrantamiento. En cualquier momento, Dios puede eliminar espinas de impureza que ahogan la vida en ti: “Porque ésta es la voluntad de Dios: tu santificación; es decir, que se abstengan de inmoralidad sexual” (1 Tes. 4:3-5). Dios está haciendo eso en ti (Filip. 2:12-13). Cuando preguntes: “¿Qué está haciendo Dios en mi vida? ¿Por qué me está sacando de esta relación?”, la respuesta es clara. Él te está sanando y limpiando. Él no ha puesto un veredicto de culpabilidad de por vida en ti. No hay condenación (Rom. 8:1). Por ahora, y solo por ahora, Él está simplemente (y dolorosamente) sanándote.

Él nos da esperanza porque, con cada nuevo día, Dios se encarga de nuestro cuidado: “Así que los que sufren conforme a la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, haciendo el bien” (1 Pe. 4:19). No existe lamentación que se encuentre fuera del alcance del buen plan de Dios para ti. Si te casas, es por la mano del mismo Dios que te llamó desde el reino de las tinieblas al reino de la luz. Si te casas, es por el mismo tipo de decreto que creó el universo. Si es la voluntad de Dios que te llegues a casar, entonces estás en un curso de colisión imparable hacia el matrimonio. Y si eres rechazado por otra persona, eso también está dentro de la amorosa y misericordiosa voluntad de Dios para tu vida.

Confía en Dios hoy, y reconoce que, ya que Él creó el tiempo, el tiempo está de tu lado. Si eres rechazado debido a tus antecedentes sexuales, confía en que no es una herida arbitraria, sino que se trata de un engranaje en el muy ordenado y detallado plan de Dios para tu vida llena de gozo. Que Dios nos conceda, a nosotros los culpables, la misericordia para recibir los buenos regalos de un Padre que nos ama.

Escrito por Juan Fernando
Juan Fernando es uno de los pastores que plantaron la Iglesia La Fuente en Quito-Ecuador. Se graduó con una ingeniería en negocios de The Master’s University en California en donde conoció a su esposa Marissa y tienen una hija pequeña. Actualmente está terminando una Maestría en Divinidad en Clarks Summit University. Puedes encontrarlo en Twitter.
 
Fuente: https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/pecado-sexual-en-parejas-cristianas

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