26

Feb

2015

Es tiempo de cerrar puertas

Es-tiempo-de-cerrar-puertas---David-Wilkerson

 

“Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6).

La voz de Dios es oída por aquellos que se encuentran con Él en el lugar secreto de oración. Dios es muy cuidadoso con quién habla. Sólo lo hace con aquellos que aprecian tanto Su voz, que se encierran y dejan todo el mundo afuera, para estar con Él y esperar en Él.

Dios nos dice: “Si quieres oír Mi voz, enciérrate en el lugar secreto de oración. Ora a Mí en lo secreto y Yo te recompensaré”. Los ajetreos, deseos indebidos, codicias y ansiedades ahogan la voz de Dios. Jesús nos dejó una advertencia acerca de llegar a estar demasiado ocupados para detenernos y escuchar Su voz. En la parábola del sembrador, “la Palabra” es Su voz: “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:18-19).

Me temo que algunos de los que están leyendo este artículo han estado ahogando la voz de Dios. Acá, “Ahogar”, significa “saturar” o “sofocar” Su voz. Alguna vez, Dios te habló claramente y fue de sumo gozo. Todavía amas a Dios, pero tienes cada vez menos tiempo para Él. Tus ocupaciones, ahora te llaman; ¡tus riquezas, tus preocupaciones, tus problemas y todas las otras cosas que consumen tu tiempo! Ahora la voz de Dios se ha opacado. Él te está llamando, te está pidiendo, te está amonestando: “Si continúas así, ¡terminarás ahogando totalmente mi voz en ti!”

Puedes llegar a estar tan ocupado, tan angustiado por los problemas y preocupaciones, que no servirá de nada escuchar Su voz porque no podrás prestar oído. Jesús dijo que se haría infructuosa. (Versículo 19).

“[Pero] éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno” (Marcos 4:20).

Fuente: http://sermons.worldchallenge.org/es/node/29806


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