23

Feb

2015

Evangelizando a la Iglesia

STEVEN-RICHARDS---EVANGELIZANDO-A-LA-IGLESIA
 

“El evangelio, la cruz y la gracia son tan solo el a-b-c del cristianismo; la entrada. Hay que hablar de estos temas a los nuevos creyentes y después pasar a otros (temas) más ‘profundos’, como el carácter, la santidad y disciplina”. Los músculos faciales bajo la piel de mi rostro inconscientemente formularon una expresión que combinaba angustia y desapruebo (y también un poco de enojo), mientras escuchaba desde la primera fila de aquella iglesia al reconocido predicador seguir con su sermón.

La práctica de atesorar, meditar y predicar el evangelio entre creyentes es tan necesaria como es misteriosamente gloriosa. Aunque quizá en menor escala que en aquella lamentable prédica, en muchas ocasiones el evangelio es tratado como una vieja señal en la carretera; un aviso que la iglesia rebasó a gran velocidad y que lentamente empezó a desaparecer en la niebla en el espejo retrovisor. Meditar en el evangelio es una disciplina olvidada para tantos, considerada como opcional o innecesaria, mientras debería ser el ancla, estandarte y médula ósea del resto de la travesía que nos llevará en ese gran día hasta los brazos de Cristo.

Lo central en el centro

Es sorprendente ver que tantos que dicen creer en el evangelio y su importancia lo llegan a perder de vista entre el bullicio del mundo. Aún más trágico, entre los creyentes hay una común tentación de olvidarnos del evangelio entre la vistosa “cultura cristiana” en la que algunos vivimos, una que parece hacer a lo periférico cada vez más central y a lo central cada vez más periférico. Llegamos a ignorar que en el corazón de la Escritura misma están las buenas noticias, el relato hermosamente tormentoso de la elegancia y definición del amor incansable del Creador por su creación perdida. El intercambio del justo por los injustos. El rescate, solo hecho posible por la masacre del incandescente Rey que escogió espinos por corona y sangrienta desnudez por vestiduras reales.

Sin este mensaje, sin el Cristo del evangelio, simplemente no habría vida; mucho menos cristianismo.

Cristo fuera de la iglesia

Quizás al leer este o alguno de los demás artículos del mismo tema alguien podrá preguntarse: “¿Como es que la iglesia puede llegar a menospreciar el evangelio que la salvó?”. Esa pregunta sencilla tiene una respuesta terrible.

Temo decir que hay momentos en que nuestra liturgia, tradiciones, estrategias, métodos, deseo por relevancia, y aun nuestro celo por la predicación se llegan a volver más importantes para nosotros que el mensaje de amor que por gracia nos es encomendado, ese mensaje que el mismo Jesús nos encomendó.

Pocos lo admitiríamos, pero puede ser que al evaluar el uso de nuestro tiempo, recursos y preocupaciones nos empecemos a dar cuenta de que en papel, nuestras prioridades están en orden, pero en la práctica algo se desequilibra. Una señal de que esto está pasando es que nos volvemos los jugadores en el campo, y nuestras propias porristas. Entretenemos nuestra cosmovisión, elogiamos nuestras denominaciones, alentamos a los que piensan, actúan y hacen iglesia como nosotros, criticando a aquellos que no compartan cada punto con nosotros; volviendo nuestra ideología lo central y una vez más dejando al Jesús del evangelio por los márgenes. Ningún fruto del árbol del evangelio, por más delicioso que sea, es tan importante como el mismo árbol del que es formado.

En Apocalipsis 3:20 escuchamos el resonante llamado de la gracia de Cristo para reconciliar a la iglesia que se creyó autosuficiente con la dulce dependencia y suficiencia de la intimidad con Cristo. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Estas palabras no fueron destinadas al mundo, ¡Cristo le estaba hablando a la iglesia! Así como hizo con Laodicea, Cristo nos llama en misericordia a volver a hacerlo el centro de nuestra teología, de nuestra liturgia y de nuestras vidas.

A-b-c… y d y f y e, hasta la z

Cuando alguien entiende que el evangelio no es solo la entrada a la nueva vida en Cristo, sino igualmente el camino y destino de esta misma, comienza a ver la magnitud de la importancia de predicar y desbordar en cada conversación, pensamiento y movimiento este evangelio, a tiempo y fuera de tiempo, dentro y fuera de la iglesia. Si escogemos nuestras peleas podemos darnos cuenta de que quizá hemos defendido asuntos importantes descuidando el más importante a defender. Nunca es mal momento para regresar a hacer de lo más importante, lo más importante otra vez (Cp. Luc. 10:38-42).

Que nuestra oración sea la de ver una iglesia que no solo absorbe sino refleja la luz del evangelio en todo el mundo. Una luna reflejando en la noche oscura la promesa de un nuevo amanecer. Espejos de Su gloria, que han sido limpiados y aclarados para así comunicar más claramente la brillantez de Su amor y santidad. Pero para mejor hacer su función, el espejo debe ser colocado en el lugar donde recibe más intensamente la luz que busca reflejar. Que así la iglesia, enfocada en las buenas noticias para la humanidad, para así contarlas y vivirlas con fe, esperanza y amor.

Si la norma es que las personas salgan de nuestras iglesias, servicios, sermones, tiempos de adoración corporativa, enseñanzas o ministerios diciendo “que buen expositor”, “que agradable ambiente”, “que doctrina tan bien desarrollada”, “que buena producción”, o aun “que ministerio tan relevante”, en vez de “¡que glorioso es Jesucristo y su evangelio!”, algo tenemos que reajustar. Estas cosas que mencioné no son buenas, ¡son maravillosas! Pero son frutos de vidas y comunidades centralizadas en el evangelio, que si llegan a volverse el centro de atención, ¡atentan contra la exclusividad del mismo evangelio que las sostiene!

Al hacer a Jesucristo y al evangelio el centro de nuestras vidas, aseguramos fruto permanente en todas las ramas y expresiones tan variadas de la fe cristiana. Que después de que cualquier persona sea expuesta a nuestras vidas y palabras, una cosa quede marcada en su mente y corazón: Jesucristo y su glorioso evangelio de radiante gracia (1 Cor. 2:1-5). Todo lo demás, incluyéndonos a nosotros, puede ser olvidado.


Steven es pastor y director del movimiento y grupo de jóvenes Un Corazón, basado en Cd. Juárez, México. Al mismo tiempo compone y produce la música de la agrupación con el mismo nombre. Está casado con Lluvia. Puedes seguirlo en Twitter.

Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/evangelizando-a-la-iglesia


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