29

Nov

2014

Fuego extraño

Pepe-Mendoza-Fuego-Extraño

 

Levítico 9 – 11   y   Juan 8 – 9

“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos incensarios, y después de poner en ellos fuego y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del SEÑOR fuego extraño, que El no les había ordenado”, Levíticos 10:1.

Los jóvenes hijos de Aarón se pusieron de acuerdo, se vistieron las ropas sacerdotales, prepararon los implementos y ofrecieron un tributo ritual delante de Dios. Sin embargo, el homenaje fue rechazado por el Señor de manera tajante y destructiva: “Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová“, Levíticos 10:2. ¿Qué pasó? ¿Qué desencadenó la tragedia? Aunque en lo escueto del texto bíblico no median explicaciones, el problema se debió a algo que Moisés denominó “fuego extraño“. Puede que los elementos utilizados o el procedimiento no hayan sido del agrado de Dios o hayan ido en contra de lo que Dios con tanta claridad había prescrito. Sin embargo, ¿Cómo entender tan drástica decisión? Al parecer, Moisés y Aarón (el padre de los muchachos) no cuestionaron en ningún momento la dolorosa decisión del Señor, tanto así que: ” …Aarón calló“, Levíticos 10:3c.

Posteriormente, Jehová habló directamente con Aarón, dándole indicaciones muy precisas en cuanto al proceder de los sacerdotes en el futuro: ” No beberéis vino ni licor, tú ni tus hijos contigo, cuando entréis en la tienda de reunión, para que no muráis (es estatuto perpetuo por todas vuestras generaciones), y para que hagáis distinción entre lo santo y lo profano, entre lo inmundo y lo limpio, y para que enseñéis a los hijos de Israel todos los estatutos que el SEÑOR les ha dicho por medio de Moisés“, Levíticos 10:9-11. El problema ya no estaba en el orden del culto, sino en que las cosas que se harán para Él deberán hacerse con una mente clara, en plena conciencia, con los cinco sentidos funcionando y en orden. No se puede afirmar con exactitud que los hijos de Aarón estaban bebidos al momento de ofrecer incienso al Señor Aunque es probable por la orden que vino inmediatamente después del problema), pero lo que sí queda muy claro es que solo una mente y un corazón lúcido, inteligente y con pleno dominio de sí mismo es lo que Dios desea de sus siervos.

Me permitiré tomar algunos párrafos para hablar de los efectos del alcohol. Cualquier bebida alcohólica (con el contenido alcohólico que ustedes deseen) no es un estimulante, sino un sedante. En primer lugar, reduce la capacidad de los centros estimulantes más importantes de todo el cerebro. Dichos centros son los primeros en sufrir la influencia y ser afectados con la bebida. Ellos controlan todo lo que da al hombre autocontrol, juicio, equilibrio y el poder de evaluar las cosas que está haciendo. Dios desea que vivamos una vida sin sustitutos para la felicidad o las relaciones. Nosotros, como cristianos, no necesitamos sedantes, sino la llenura del Espíritu Santo (sea cual sea la ocasión, no solo para las cosas de la Iglesia).

En lo que se refiere a la cantidad adecuada, expertos norteamericanos y europeos han establecido como medida las unidades de alcohol. Cada una de ellas equivale a 12 ml. de alcohol puro, cantidad que el hígado de un adulto puede metabolizar en una hora. Si ingiere más de dicha cifra por hora, el alcohol se acumula en el cuerpo provocando problemas en reflejos, coordinación muscular, capacidad de juicio, etc. Una unidad de alcohol equivale a una lata de cerveza de 350 ml. (una botella de un litro tiene 2.9 u.a.) a una copa de 125 ml. de vino o a una vaso de 70 ml. de pisco sour.  Se tiene la certeza que en el adulto el alcohol se metaboliza a razón de 120 mg. por kilo durante cada hora. En otras palabras, si un adulto de 60 kilos de peso, bebe una lata de cerveza, una copa de vino o un vaso de pisco sour, su hígado se demora entre una y dos horas en oxidarlo. Para evitar la embriaguez, debe esperar ese lapso antes de un nuevo trago (¿cómo andamos por casa?). Médicamente los adultos no deben beber más de tres de éstas medidas al día y nunca más de tres días a la semana (continuados o no). Para jóvenes menores de 16 años el alcohol está absolutamente prohibido y hasta los 20 años no más de dos unidades diarias y no más de 6 a la semana. Acercarse a estos límites es símbolo peligroso de adicción y dependencia física. Más de doce unidades de alcohol a la semana provocan dependencia física y originan enfermedades como angustia y depresión, hipertensión arterial, cardiopatías, infertilidad en ambos sexos, déficit de vitaminas y colesterol alto.

¿Por qué hablo tanto de este tema en la reflexión? Por esto…

Los jóvenes empiezan a tener inclinaciones alcohólicas a partir de los 13 años. Hay una relación directa entre el inicio del consumo con problemas escolares, conductas agresivas e inicio en problemas de drogadicción. Dada su juventud, inexperiencia y equivocado atrevimiento, pueden ser antes de los 20 años candidatos potenciales a tener problemas de alcoholismo.

El 40% de los crímenes en los Estados Unidos son producto de la ingesta de bebidas alcohólicas. En Chile es culpable del 10% del total de muertes cada año (42% de los accidentes de tránsito, 46% de homicidios, 28% de suicidios, 13% de accidentes de trabajo y 70% de ausentismo laboral no justificado). Uno de cada tres hombres en Chile bebe en exceso.  El consumo entre los jóvenes se ha incrementado en los últimos 25 años en 300%.

El alcoholismo afecta a un 7% de los estratos medios y altos.  Siempre hay motivos para beber… No solo de gente que bebe en exceso como los vagabundos que envuelven el vino barato en bolsas de papel, ¡no! Los almuerzos empiezan con un aperitivo, continúan con un buen vino y terminan con un buen bajativo. Luego viene un coctel y para el stress del día un buen trago para irse a dormir.  Los jóvenes empiezan los fines de semana o en cada reunión, excediéndose en las vacaciones bebiendo pisco o cerveza. Dos de cada diez jóvenes que empiezan a beber tendrán algún tipo de problema de dependencia.

Puede que el tema del “fuego extraño” nos sea, valga la redundancia, absolutamente extraño. Pero, debemos cuidarnos de todo aquello que nos ciegue o enturbie nuestra visión y entendimiento. Puede ser el alcohol, las drogas, el tabaco o cosas menos `dañinas´ socialmente como el trabajo en exceso, el sexo ilícito, el consumismo, el materialismo, el ritualismo y todos los `ismos´ de nuestro recién estrenado siglo. Cuando Jesucristo estuvo en la tierra quiso entregarle al hombre respuestas y discernimiento para la vida. Él mismo es nuestra respuesta: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida“, Juan 8:12. Esa luz que ilumina nuestro sendero y nos da claridad ante las tinieblas que entorpecen nuestro devenir. Además, su entrenamiento nos da libertad en todo sentido: ” Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres… Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres“, Juan 8:31b,36.

El “fuego extraño” de la insensatez y la esclavitud se enciende muy lentamente, casi inofensivamente, pero en un segundo puede calcinarnos hasta lo más profundo del alma. Los hijos de Aarón no percibieron el peligro y no vivieron para poder subsanar su lamentable error. Perder el discernimiento es como la historia de la rana:  “Colóquela viva en una olla grande de agua fría. Póngala al fuego y observe como muere lentamente, sin hacer movimiento alguno. A continuación en la misma agua hirviendo, coloque una rana viva y sorpréndase con el tremendo brinco que dará fuera de la olla al reaccionar al calor”. ¿Hay algo que estás calentando en el corazón?

 


​José (Pepe) Mendoza es peruano pero vive hace varios años en Santo Domingo,República Dominicana. Es director del Instituto Integridad & Sabiduría y Pastor Asociado de la Iglesia Bautista Internacional. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter.

Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/fuego-extrano-reflexion


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