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Dic

2016

¿Juan o Juana? Transexualidad en la iglesia

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Esta pregunta tomará lugar en algún momento del futuro, o del presente, en tu ministerio.

Juana es una mujer de 50 años de edad que ha estado visitando tu iglesia por más de un año. Se sienta en la tercera fila de atrás hacia delante, y generalmente se va durante el último himno, a menudo con lágrimas en los ojos. Juana se te acerca después del servicio del domingo para decirte que ella quiere seguir a Jesús como su Señor.

Le haces a Juana una serie de preguntas diagnósticas acerca de su fe, y es claro que entiende el evangelio. Pero Juana todavía parece estar muy angustiada. Cuando le preguntas si se arrepintió de su pecado, ella empieza a llorar y apretar los dientes.

“No lo sé”, dice ella. “No sé cómo… No sé por dónde empezar… Puedo reunirme con usted en privado?”.

Tú, Juana, y una mujer piadosa “tipo Tito 2”, líder del ministerio de mujeres, se reúnen en tu oficina de inmediato, y Juana cuenta su historia.

Ella no nació siendo Juana. Ella nació siendo Juan. Desde muy temprano en la vida de Juan, se sentía como si fuera “una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre”. “No quiero repetir ese viejo cliché”, dice Juana, “pero realmente es lo que sentía”.

Juana les cuenta que a los 20 años comenzó el proceso de “transición” de la vida como un hombre a la vida como una mujer. Sufrió una extensa terapia hormonal, seguido de cirugía plástica, incluyendo la llamada “cirugía de reasignación de sexo”. Por los últimos 30 años, ha vivido física y socialmente como una mujer.

“Quiero hacer lo que sea necesario para seguir a Jesús”, dice Juana. “Quiero arrepentirme… Solo que no sé cómo hacerlo”.

“Soy quirúrgicamente ahora una mujer. He tomado hormonas que me dan el aspecto y la composición física de una mujer “, dice ella. “Incluso si ahora me vistiera de saco y corbata, solo me vería como una mujer en saco y corbata. Por no mencionar el hecho de que, bueno, soy físicamente… una mujer “.

“Para complicar más las cosas”, dice Juana a través de las lágrimas, “Adopté a mi hija, Clarissa, cuando tenía ocho meses de edad, y ahora tiene diez años. Ella no sabe nada de mi vida pasada como un hombre. Ella solo me conoce como mamá”.

“Sé que la cirugía de cambio de sexo fue incorrecta. Sé que mi vida está retorcida. Estoy dispuesta a hacer lo que sea que Jesús quiera que yo haga para hacer lo correcto”, dice ella. “Pero, ¿qué quisiera Jesús que yo haga? ¿Estoy demasiado dañada para arrepentirme y ser salva? Si no, ¿qué significa para mí arrepentirme y vivir mi vida como seguidora de Jesús? ¿Qué es lo que debo hacer?”.

Esta es una situación complicada para la que no hay respuestas fáciles. Pero solo porque las respuestas son difíciles no significa que sean imposibles. Aquí es lo que yo creo que está en juego en esta situación, y cómo un pastor cristiano debe mirarlo.

Todos estamos pervertidos

El primer tema es el evangelio. Cristo Jesús vino a salvar a los pecadores. Él ofreció su vida en sacrificio, su cruz sangrienta y el sepulcro vacío son suficientes para reconciliar a cualquier persona rota a Dios. Debemos abandonar todo sentido de repulsión porque la situación de Juana es “rara” o “pervertida”. Todo pecado es extraño y pervertido. El hecho de que cualquier pecado (especialmente el nuestro) parezca “normal” para nosotros es parte del porqué necesitamos el evangelio.

La segunda cuestión es el arrepentimiento. Rechazar el pecado por Cristo es necesario para la salvación, como se articula en el mensaje del evangelio en toda la Escritura (Marcos 1:15, Hechos 3: 19,17:30, 20:21). La historia del encuentro de nuestro Señor con el joven rico (Lucas 18: 18-29) se puede mencionar aquí, así como su encuentro con la mujer sirofenicia (Marcos 7:24-30). En ambos casos Jesús sondeó con el fin de dar a luz (en la primera) una visible falta de arrepentimiento o (en la segunda) una manifestación visible de la fe. El mensaje que Juana ha escuchado es el mismo mensaje que cada cristiano ha escuchado: “Ven y sígueme”. El pastor quiere saber, como lo haría con cualquier otro pecador, si ella ha contemplado el costo de hacerlo.

Próximos pasos

Al mismo tiempo, el pastor debe saber que no hay una solución simple aquí. Lo que sea que Juana haga, dejará estragos a su paso. Su hija va a crecer ya sea con una “madre” que la ha engañado durante toda la vida sobre un aspecto básico de lo que ella es, y cuál es su relación, o ella va a pasar por el trauma de descubrir que su mamá es en realidad su papá.

Después de discernir que Juana está verdaderamente confiando en Cristo (y ciertamente parece que es así), mi consejo sería asegurarse de que ella entiende que parte del pecado que ella está rechazando ahora tiene como raíz un rechazo al Creador. La creación de Dios es buena, y Él no crea personas genéricas: Él te creó varón o mujer, a su propia imagen (Génesis 1:27). Al tratar de “convertirse” en una mujer, Juan se ha establecido como un dios, determinando él la propia estructura de su creación. Una parte de la libertad que viene de Cristo es el reconocimiento de Juan de que él es una criatura, no un dios, no una máquina, no un bicho raro.

Esto significa que el pastor debe, en su papel como subpastor de Cristo, empezar a hablar de Juana como “Juan” e identificarlo a él como “él”. Esto parecerá extraño y discordante a Juana. Por supuesto que sí. Lo que está pasando en la vida de esta persona, sin embargo, es lo que sucede en la vida de cada cristiano. Nos hemos vestido de un “nuevo hombre” crucificando al viejo hombre (Efe. 4: 21-24). Somos una “nueva creación” con el pasado abolido (2 Cor. 5:17). Tenemos un “nuevo nombre” (Apocalipsis 2:17) que parece extraño y místico, con una gran familia que tenemos que aprender a caminar y a amar a través de la vida. En este caso, por supuesto, la “nueva” vida de Juan como cristiano consiste en regresar a su identidad “vieja”, como un hombre.

Juana no va a “sentirse” como Juan, y eso está bien. Pero el pastor debe comenzar ministrándole al ayudarle a identificar cómo luce la paz mientras se dirige como un hombre.

Además, el pastor no puede engañar a su congregación. Él no necesita externar todos los aspectos del pasado de esta persona (más de lo que lo haría con cualquier otro pecador arrepentido). Pero la iglesia, no un individuo, bautiza, y la iglesia debe conocer a la persona que se bautiza. Para bautizar a uno creado hombre como “mi hermana en Cristo” (cualquiera que sea la fórmula bautismal que utiliza) no está haciendo justicia a un Dios que habla la verdad.

¿Revertir la cirugía?

Sobre la cuestión de si “Juana” debe revertir su cirugía de “reasignación de sexo”, en este caso, me inclino a decir que no. Después de todo, ninguna cirugía puede reasignar género. La cirugía destrozó a Juan y trató de crear una ilusión de una realidad biológica. No hay forma de que este tipo de cirugía pueda ser “revertida”, solo otra ilusión cosmética creada encima de la vieja.

En otras palabras, creo que en este caso, la cirugía adicional solo agravaría el problema. Juan debe verse a sí mismo similar a un eunuco bíblico, alguien herido físicamente por su pecado pasado, esperando la plenitud en la resurrección de los muertos. Debería, sin embargo, dejar de tomar las hormonas femeninas, permitiendo a su cuerpo volver (relativamente) a su estado natural.

El asunto para Juan es la honestidad, me parece a mí. Esto significa que debe presentarse como lo que es, un hombre creado por Dios como un hombre. Debe identificarse a sí mismo como un hombre, y debe empezar a vestirse con ropa masculina. Esto va a ser muy, muy difícil para él, y necesitará a sus pastores y a su congregación para sobrellevar con él todos los enormes desafíos, mayormente el que involucra a su hija.

¿Y su hija?

Asumiendo que Juan está dispuesto a renunciar a su vida como una mujer, y abrazar su identidad como el hombre que Dios lo creó para ser, ¿qué hacer con el hecho de que su hija le ha conocido solo como mamá?

Esta es, sin duda, la parte más difícil de este rompecabezas. Compasión por esta niña, a la que todo su espectro de la realidad sería puesto de cabeza, es una marca de un cristiano, y sin duda un rasgo necesario para un pastor del rebaño de Dios.

En primer lugar, permítanme decir que estoy consciente de que “Juana”, convirtiéndose en “Juan” causará estragos en la vida y la psique de su hija. Creo que estos estragos se desatarán en cualquier forma, y que la honestidad en este punto es menos destructiva que la continuación de la ilusión. La pregunta, en este punto, no es si la hija tendrá una vida normal o traumática. La pregunta es si el pueblo de Cristo estará con ella a través del trauma. Yo aconsejaría a Juana decirle a su hija en el momento oportuno (pero sin retraso injustificado).

Esto será difícil, y Juan necesitará a su pastor allí, junto con muchas mujeres de Dios que estén dispuestas a pasar horas con esta jovencita. Juan deberá decirle que años antes de que ella naciera, estaba confundido, y sentía que era una niña en vez de un niño, y que se había pasado los últimos 30 años tratando de ser una chica. Él debe decirle a su hija, sin embargo, que algo ha cambiado: él nació de nuevo en Cristo Jesús, y eso significa que él recibió un nuevo comienzo. Él debería decirle que la ama de la misma manera, y siempre estará ahí, pero él quiere que ella sepa que Jesús está poniendo su vida en orden cómo fue diseñada originalmente para ser, como un hombre.

Esto será confuso e inquietante, pero, con el sabio consejo de su congregación y sus pastores, Juan podrá demostrar visiblemente a su hija que la regeneración y la santificación en realidad parecen ser lentas y dolorosas pero, al final, vale la pena por el bien del evangelio.

La iglesia debe asumir

Al decir que no creo que Juana pueda seguir viviendo como una “mujer” no estoy diciendo que la regeneración significa que de repente “se sentirá” como un hombre. Juan está diciendo la verdad cuando dice que toda su vida se ha sentido como una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. Él no se convertirá de repente en un “macho”. Es probable que lidiará con este problema por el resto de su vida.

Yo fui salvo de, entre otras muchas cosas, la codicia. La codicia me parece natural. No codiciar es antinatural para mí. No pasa un día en el que codiciar no sea la cosa más fácil, más natural para mí. Pero lucho contra la codicia porque Dios me está conformando a la imagen de Cristo (Rom. 8:29; 2 Cor. 3:18). Lo hace a través del sufrimiento, a través de la disciplina, y por medio de la lucha bélica del Espíritu contra la carne, la nueva creación contra los poderes satánicos (Rom. 5: 3-5; Heb. 12: 5-11; 2 Cor. 2:11). Si estás en Cristo, tu testimonio es el mismo, con cualquier número de patrones pecaminosos y puntos débiles de tu vida. Lo mismo será cierto para Juan. No renuncies a él si sufre contratiempos, y no renuncies a él si él todavía “se siente” como una mujer por el resto de su vida. Mantente apuntándole hacia el evangelio, y hacia la fe que escucha y actúa.

La presencia de Juan en tu congregación probablemente significará el surgimiento de algun fariseísmo. Algunos encontrarán a Juan “monstruoso”. Algunos hombres se asquearán de la idea, y pensarán que están afirmando su masculinidad al burlarse de él o marginarlo (aunque sea de manera sutil, como mirarle feo). La responsabilidad del pastor es guiar a su pueblo lejos de esta destructividad. La vida de Juan en la congregación puede ser una señal visible de la misericordia de Dios. La iglesia debe, inmediatamente después de recibir a Juan como un pecador arrepentido, anunciar que su pecado (no en parte, sino su totalidad) ha sido clavado en la cruz de Cristo, sepultados con Jesús, y borrado por Su poder de resurrección. Cualquier chisme en curso o el juicio del pecado o pasado de Juan es en sí mismo violencia contra el evangelio, así como las divisiones en la congregación, y deberán ser disciplinados como tal.

Los pastores deben guiar a la gente a recibir a Juan, como ellos fueron recibidos por Cristo (Rom. 15: 5-7). Los pastores y líderes de la iglesia pueden ayudar a las personas a sobrellevar la carga de su hermano (Gal. 6:2). Esto significa, en primer lugar, que se necesitarán a las mujeres de la congregación para mostrarle a su hija lo que significa ser una mujer piadosa. Algunas de ellas van a querer llevarla a sus hogares y sus vidas, ser madres y abuelas en Cristo para ella (Tito 2: 3-5). También implica que los hombres en la congregación deben hacer un esfuerzo consciente por discipular a Juan, recibiéndole en su círculo de amistad y mostrándole lo que significa seguir a Cristo, y lo que significa ser un hombre. Para algunos de ellos, será incómodo. ¿Y qué? Pudo ser incómodo para el Señor Jesús pasar tiempo con los borrachos, prostitutas y gentiles como nosotros, pero lo hizo, y lo hace incluso ahora.

Nuestra respuesta

Vamos a tener más y más personas “transgénero” mientras la cultura que nos rodea cambia. Una mujer en mi congregación me dijo el otro día que al donar sangre le preguntaron, “¿De qué sexo era al nacer?”.

Podríamos lamentar esta tendencia y siempre hablar de cómo la cultura está convirtiéndose en Gomorra. Pero deberíamos tener la esperanza de, si hay personas transexuales en los barrios alrededor de nosotros, verlos en nuestros bancos de la iglesia. Y debemos orar, fervientemente, que escuchen el evangelio que predicamos como buenas nuevas para ellos. Una iglesia centrada en el evangelio proclama que de lo que sea que estés huyendo o corriendo hacia, Jesús ofrece vida. Mientras estés vivo, no es demasiado tarde para encontrar una nueva vida en Cristo. Jesús ama a los pecadores, y nosotros también.

El escenario de “Juana” no es realmente tan hipotético. Es probable que, dondequiera que vivas, alguien cercano a ti esté en esa situación. ¿Por qué no aparecen en nuestras iglesias? ¿Será porque dudan si nuestro evangelio está realmente dirigido a ellos? ¿Será porque nosotros lo dudamos también?

Si Juana va a tu iglesia este domingo y escucha el evangelio, si “ella” decide dejar todo lo que “ella” conoce y seguir a Cristo, ¿lo amará tu iglesia y le enseñará cómo dejar de fingir para luchar hacia lo que fue creado para ser? Tal vez tomaría tal conversión para hacernos cuestionar si realmente creemos lo que decimos y lo que cantamos. ¿Hay realmente poder, poder que obra maravillas, en la sangre del Cordero? ¿Es nuestro evangelio realmente una buena noticia para los hijos pródigos, incluso para los hijos tan perdidos que alguna vez pensaron que eran hijas?

Escrito por Gittel Estevez-Michelén
​Russell D. Moore es el presidente de la Comisión de la Convención Bautista del Sur de Ética y Libertad Religiosa.
 
Fuente: https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/juan-o-juana

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