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Oct

2016

La Muralla que impide la Restauración

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“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón..” Mateo 11:29.

Hoy quiero invitarte a meditar en las palabras de Jesús registradas arriba. Me imagino que inmediatamente después de mirar el versículo, pensaste que era un texto que lo habías visto y que ya conocías de hace bastante tiempo. Y así es, es un texto sumamente conocido pero poco aplicado en nuestra vida cristiana.

Específicamente hoy quiero concentrarme en el concepto de “HUMILDAD”. Entendiendo la humildad, como la raíz de todas las otras virtudes, y como la conciencia total y absoluta que tenemos en nuestro interior de que Dios es TODO y que dependemos de Él por completo para ser bienaventurados y completos.

Lo contrario de la humildad sería el ORGULLO, esa sensación falsa de “poder”, de controlarlo todo, de manipular nuestras vidas y las de otros. Cuando asumimos esa actitud, pretendiendo controlar nuestras vidas y los procesos que nos ocurren e incluso las vidas de aquellos que Dios colocó a nuestro alrededor, entonces caemos en orgullo; y el orgullo es la raíz de todo pecado, de todo aquello que nos aleja de Dios, que nos lleva a caer.

El orgullo es lo que impide las relaciones saludables. Cuando hay orgullo, es imposible relacionarse con Dios y con el prójimo. La Biblia misma dice: “Dios da gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios…” Pero ¿por qué el orgullo genera ese rechazo? Porque el orgullo es “autosuficiencia”, cuando andamos en orgullo, estamos declarando que no necesitamos ni a Dios, ni a nadie. Cuando asumimos entonces el control de las cosas, estamos declarando a Dios que no le necesitamos, que somos los “dueños” de nuestra vida. Esa declaración puede no ser explícita, pero puede estar siendo trasmitida en nuestras acciones.

¿Entiendes la importancia de la humildad en nuestro carácter? El orgullo es el inicio de la caída, el génesis de la destrucción… Cuando nuestro corazón comienza a sentirse “ en control” entonces Dios ya no tiene más lugar en nuestra vida… poco a poco le alejamos… y comenzamos a vivir vidas religiosas, donde Dios es un mero “accesorio” que nos sirve para cumplir nuestros propios deseos…

Como recordarás en el inicio de la humanidad, fue el orgullo el que propició la actitud del hombre de independizarse de Dios y escoger el camino que anteriormente Satanás había escogido. El orgullo es el inicio de la decadencia del hombre.

De ahí la importancia de la humildad en nuestra vida. Debemos buscar la humildad, y cultivarla en nuestro carácter para que Dios pueda glorificarse en nosotros. Cuando nos humillamos y renunciamos a nuestros deseos y planes, cuando nos vaciamos tal como Cristo hizo antes de nosotros, entonces damos espacio para que Dios pueda obrar en nosotros y a través de nosotros.

Muchas relaciones se han roto por causa del orgullo. Porque en nuestras ansias por el “poder”, hemos mirado nuestros intereses por encima de cualquier cosa, destruyendo en el camino todo lo que se oponga a nuestro querer. El egoísmo, la envidia, los celos, las divisiones, etc… todas esas actitudes tienen su origen en el orgullo.

La humildad no es algo que podamos pedir a Dios, no es algo que podamos sentir o experimentar como una sensación. La humildad es una actitud de reconocimiento que debemos asumir en el momento en que entendemos nuestra posición delante de Dios y nos disponemos a ser “vasos” donde Él pueda derramar su carácter.

El corazón humilde es un corazón que no busca lo suyo, que anhela servir, que no se importa en ser humillado, que se dispone incluso si es necesario a sufrir. La humildad genera amor incondicional, perdón, paz de espíritu y fe.

Te invito a seguir los pasos de Jesús y aprender de Él, que es humilde de corazón. Deja que Él tome control absoluto de tu vida, de tus relaciones, de tus pasos… Déjalo ser en ti… Entrega tu corazón a la humildad y reconoce tu posición de dependencia absoluta de Él… Entrégate como vaso útil en sus manos, para que su carácter se revele a través de ti y los que están cerca de ti sean bendecidos por ello.

La humildad de corazón, construye relaciones, restaura lo que está roto y prepara el camino para relaciones fuertes y saludables… Busquemos la humildad en nuestros corazones!!

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