10

Jun

2016

Manejando mis emociones

Manejando-mis-emociones---Por-Pilar-Herrera

¿Quién no se ha levantado por la mañana con el pie izquierdo?, ¿con mal humor o con ánimo irritable? ¿Qué tal de la otra forma? Con un estado de ánimo muy positivo, con ganas de vivir y de luchar, queriendo gozar de la vida y hacer felices a los demás. Muchas veces nos sentimos alegres, llenas de gozo, y otras veces muy tristes, desanimadas, o peor aún, con ira y enojo.

Como mujer, creo que por nuestra naturaleza femenina y por los cambios físicos y hormonales que tienen lugar en las diferentes etapas de nuestra vida –pubertad, embarazo, menopausia etc.– sufrimos quizás más que los hombres estos cambios en nuestro cuerpo que afectan a nuestras emociones y relaciones. Somos por naturaleza seres emocionales, y eso no es malo en sí mismo, Dios nos ha creado con emociones, y ellas son parte de nuestro ser. A la vez, debemos tener cuidado con no dejarnos llevar por nuestras emociones, porque si dejamos que ellas nos gobiernen, nos llevarán a tomar decisiones con consecuencias irreversibles en algunos casos de las que nos arrepentiremos toda la vida. Bien nos dice la Escritura que “la ira del hombre no obra la justicia de Dios”, Santiago 1:20.

Qué son las emociones

Creo que muchas veces confundimos los “sentimientos” con las “emociones” y se usan indistintamente. Según el Diccionario de la RAE un sentimiento es el “estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente”. Por su parte, una emoción es la “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”. Los sentimientos son más duraderos, y las emociones son alteraciones del ánimo que son pasajeras.

Cuántas veces escucho a personas dar consejos, no solo en películas sino en la vida real, que dicen algo similar a: “Escucha a tu corazón y déjate llevar por lo que te dicte”. Piensan que porque una emoción sea fuerte, ya es verdadera y válida en sí misma, pero eso es un engaño. La Biblia nos alerta en cuanto a esto: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas”, Jeremías 17:9.

Las emociones están muy relacionadas con el corazón, y no debemos anularlas, ya que seríamos robots sin ellas, personas frías y calculadoras. Pero no debemos dejarnos dominar por ellas: son pasajeras y, por muy intensas que sean, deben estar sometidas y conducidas por la Palabra de Dios.

Emociones en control

Muchas veces durante alguna predicación o tiempo de alabanza, nos sentimos tan eufóricos y agradecidos a Dios que le prometemos servirle toda la vida, en todas las áreas, y con todo nuestro corazón. Pero cuando viene un problema o alguna dificultad, pronto nos olvidamos de nuestra promesa.

Por desgracia, he oído a muchos jóvenes decir que tal chico o chica era la mujer u hombre de su vida porque lo sentían así, se lo dictaba su corazón, y “sabían” que era la persona que Dios le había preparado, aun a sabiendas de que era un no creyente. Las emociones nos pueden engañar, por eso debemos siempre juzgarlas a la luz de la Palabra de Dios. Creyentes incluso, han dicho que como no sentían la necesidad de orar o de ir a escuchar la Palabra de Dios, no lo hacían porque sería hipocresía. ¡Qué engaño!

Emociones bajo control

Entonces, ¿cómo podemos tratar con nuestras emociones a la luz de la Palabra de Dios para no equivocarnos? Aquí algunos consejos que pueden ayudarnos:

  • Nuestras emociones forman parte de un todo en nuestro ser junto con nuestros pensamientos, sentimientos etc. Por eso, Dios nos exhorta a guardar nuestro corazón “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”, Proverbios 4:23. Guardar nuestro corazón no es esconderlo, sino llenarlo y protegerlo con la Palabra de Dios y nuestra obediencia a ella.
  • Cuando un intérprete de la ley le preguntó a Jesús cuál era el gran mandamiento de la ley, Jesús le contestó: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Mateo 22:37. Aquí vemos que cuando adoramos y alabamos a Dios, todo nuestro ser está envuelto, incluyendo nuestras emociones. Lo triste y peligroso es cuando nos dejamos llevar solamente por ellas, y dejamos a un lado nuestra mente y razón. Esto puede traernos consecuencias graves, e incluso muchos han manipulado las emociones de las personas, distorsionando la Palabra de Dios para que hagan lo que su líder espiritual ordene. Necesitamos las emociones, por supuesto, pero con raciocinio. Es decir, controlar el corazón con la razón.
  • Cuando nuestras emociones nos dicten algo abiertamente contrario a los mandatos de la Palabra de Dios, tenemos que obedecer lo que Dios nos dice sin dudar. Por sinceras y fuertes que sean nuestras emociones, seguirlas a expensas del mandato divino es desobediencia abierta a lo que Dios ya nos ha dejado dicho. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas”, Jeremías 17:9.
  • Las emociones que no nos llevan a acercarnos más a Dios y hacer su voluntad vienen de la carne y no del Espíritu. Por lo tanto, no debemos vivir según la carne nos dicte, sino según el Espíritu de Dios que mora en nosotros, “ustedes no están en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes”, Romanos 8:9. Debemos hacer morir con Su ayuda las manifestaciones, las emociones y obras de la carne.
  • El Espíritu mismo nos da el poder para dominar y distinguir si nuestras emociones son de Dios y me ayudan a crecer en mi vida cristiana, o si son de la carne y las tengo que desechar. No está en mis fuerzas, sino en el poder del Espíritu, como Pablo enseñó a Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (de disciplina)”, 2 Timoteo 1:7.

Podemos concluir diciendo sí a las emociones que me ayudan a conocer y acercarme más a Dios, pero no dejarnos llevar por ellas, ni que dominen nuestra vida y decisiones. El cristiano solo debe dejarse dominar por la Palabra de Dios y nuestra obediencia a ella.

Escrito por Pilar Herrera
Hija y sierva de Dios por pura gracia. Esposa del pastor Luis Cano desde 1985, madre de Bequi y Débora. Junto a su esposo sirve en la “Iglesia Cristiana Evangélica” de Ciudad Real, España. También es maestra de inglés en un colegio público de infantil y primaria. Desde hace 30 años participa activamente en la “Asociación de Campamentos Cristianos Castilla La Mancha” para niños y adolescentes.
 
Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/manejado-mis-emociones-a-la-luz-de-la-palabra

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