1

Feb

2017

Pareja Dispareja

 
La Biblia nos dice que el creyente debe contraer matrimonio sólo con otro creyente. Primera Corintios 7 da por sentado en todo el capítulo que los cristianos sólo deben casarse con otros cristianos, especialmente los versículos 12-16, que consideran a los matrimonios “mixtos” particularmente problemáticos. Pero el mandato se declara con máxima claridad en el versículo 39 que uno “libre es de casarse con quien quiera con tal que sea en el Señor”. Uno no tiene que mirar más allá del versículo 22 del mismo capítulo para encontrar que la frase “en el Señor” significa ser cristiano. “El que fue llamado siendo libre, esclavo es del Señor”.

Ahora bien, la referencia cruzada de 1 Corintios 7 es 2 Corintios 6:14-16: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”40. La frase “yugo desigual” trae a mente Deuteronomio 22:10 donde habla de no uncir un buey con un asno para arar. Cualquier agricultor te puede decir que estos animales no tiran bien juntos; cada uno quiere ir en una dirección distinta, lo cual hace casi imposible arar un surco derecho.

Esta es precisamente la imagen que presenta 2 Corintios 6. Ningún creyente debe formar una “pareja dispareja” con un no creyente porque irán en distintas direcciones, siéndoles imposible seguir la senda derecha y angosta de Cristo. El pasaje luego ofrece cuatro vívidos contrastes como ilustraciones. Unirse el creyente con un no creyente es como unir la justicia con la injusticia, la luz con la oscuridad, Cristo con Satanás y al templo de Dios con ídolos. La cuestión es que no sólo los valores, normas, metas, motivaciones y maneras de vivir son incompatibles con los del no creyente, sino que ¡son diametralmente opuestos! Están sirviendo a dos señores diferentes que son enemigos acérrimos, así como los israelitas eran enemigos acérrimos de los cananeos, con quienes no debían casarse para no comprometer su santidad.

El matrimonio es aún más que un yugo doble: es la unión de dos individuos en una relación de “una carne”, la más íntima de las relaciones humanas. Así que el que un cristiano se case con un no creyente es garantizar que ese matrimonio nunca cumplirá los propósitos ordenados por Dios, a menos que Dios salve al no creyente. Sí, ese hogar seguirá teniendo un testimonio, el padre o madre cristiano ciertamente beneficiará a los hijos. ¡Pero será una casa en conflicto tan seguro como que Satanás está en conflicto con Cristo!

Tantos maestros cristianos han enseñado repetidamente esta realidad que casi todos los cristianos saben que es verdad. No obstante, llegado el caso, una cantidad sorprendente de jóvenes cristianos hace caso omiso de esta prohibición y se casan con no creyentes. ¿Qué es lo que hace que nuestros hijos racionalicen esta clara enseñanza de las Escrituras o desobedezcan descaradamente la voluntad revelada de Dios?

La respuesta se llama “enamorarse”. Lo que pasa es que el amor estilo Hollywood es un amor falso. Es, en realidad, uno de los apetitos de la carne llamado sensualidad o concupiscencia. Complace al yo en lugar de Cristo, lo impulsa el deseo en lugar de la autodisciplina, toma decisiones basadas en los sentimientos en lugar de las Escrituras. En consecuencia, cuando un pasaje contradice esos sentimientos, el amor estilo Hollywood siempre se ganará el corazón del cristiano inmaduro o débil. ¿Por qué? Porque “enamorarse” al estilo de Hollywood es como caer en la arena movediza que se traga a su cautivo con una pasión implacable. Todos los padres de familia han visto este amor falso y la mayoría también ha sentido su fuerza.

Escrito por John W. Thompson [Un Camino Hacia Un Matrimonio Cristiano, p.26-27]
 
Fuente: https://www.facebook.com/686147434831413/photos/a.686894441423379.1073741828.686147434831413/1159904060789079/

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