27

Jul

2016

Piensa antes de publicar

Piensa-antes-de-publicar---Por-Kevin-DeYoung

He estado blogueando casi todos los días, normalmente 5 o 6 días a la semana, durante cinco años y medio. Nunca imaginé que esto sería una parte importante de mi ministerio. Nunca pensé que mucha gente leería lo que escribo. Nunca pensé que iba a escribir tanto como lo hago. Cuando comencé a escribir blogs a principios del 2009, nunca, nunca, nunca pensé que todavía estaría haciéndolo en el verano del 2016. Otros han estado haciendo esto por más tiempo que yo, pero aun así, siete años es mucho tiempo en este medio.

Y en estos siete años he tenido muchísimas ocasiones para reflexionar sobre la naturaleza de los blogs, las posibilidades que ofrecen las redes sociales, y las desventajas de que todo el mundo esté conectado a todos los demás, todo el tiempo. Me burlé de los bloggers hasta que empecé un blog. Me burlé de Facebook y Twitter, y ahora estoy en ambos. Encajo en el grupo demográfico de la Generación X y los Mileniales que pasan demasiado tiempo en línea y usan demasiada de su energía emocional en mantenerse al corriente de las últimas peleas de internet.

Estoy agradecido por los blogs y tweets y mensajes y enlaces y todo lo demás. Dios no está en contra de la tecnología cuando se trata de defender Su Nombre y proclamar el evangelio. Sin embargo, muchas veces pienso que me haría mucha ilusión que todo el sonido y la furia digital desaparecieran y volviéramos a la lenta rotación de libros, llamadas telefónicas, artículos de revistas, boletines de noticias, y (¡oh!) conversaciones cara a cara.

Pero no pasará. Así que tenemos que pensar en cómo escribir, qué vamos publicar, y cuándo publicarlo. Como cristianos, tenemos que orar más, tener más cuidado y ser más bíblicos en cuanto a nuestra presencia en línea. Después de más de siete años escribiendo blogs —y un poco menos de ese tiempo con Twitter y Facebook—, y de haber adquirido mucha sabiduría de otros y de haber cometido muchísimos errores, aquí hay diez cosas en que pensar antes de darle publicar a tu próxima entrada en el blog, actualización de estado, comentario, o tuit.

1. ¿Qué tan “cocinada” está esta pregunta o disputa?

Uno de los artículos que siempre he lamentado es el que publiqué hace varios años acerca de dónde están todos los luteranos. No esperaba que el artículo recibiera mucha atención. Estaba tratando de hacer una pregunta que me había hecho en mi mente muchas veces. Debí haber mantenido la pregunta en mi cabeza, o haberla planteado en un ambiente más privado. La pregunta no era mala, y a través del artículo entré en contacto con buenos hermanos luteranos. Pero como artículo en el blog, estaba “cocinado a medias”. ¡Estaba haciendo la pregunta por mí mismo sin tener en cuenta que algunas personas me podían dar una respuesta!

El internet es un espacio público. Como tal, no es el lugar para cada pensamiento loco o revelación personal que has tenido. Obviamente, no hay nada malo con publicar ciertas ideas, con la esperanza de que tu pensamiento pueda ser afilado y refinado. Pero no saques cosas fuera de tu caja mental, emocional o experimental que quieras regresar a la caja más tarde. Si deseas derramar tu alma, ser completamente abierto y probar nuevas teorías, escribe en un diario.

2. ¿He considerado que cualquier persona en cualquier lugar en cualquier momento podría ver esto?

Cuando empecé el blog sabía que la gente podía leerlos, pero nunca consideré seriamente cuán público podía ser un artículo. Después de mi segundo día escribiendo, un amigo me envió un correo electrónico, “Wow, la gente está realmente leyendo tu blog. Genial. Pero solo recuerda que esto va por ahí, a todo el mundo, y la gente va a verlo”. En ese momento mi amigo solo hablaba de decenas o tal vez cientos de visitas al blog. Pero su advertencia era apta independientemente de la escala de lectores. No importa cuántos seguidores o amigos tienes, no importa cuántos suscriptores, independientemente de lo micro o macro de tu tráfico, tienes que considerar que cualquier cosa que pongas en línea puede ser visto por casi todos en el planeta. ¿Estás seguro que deseas publicar esa foto, golpear verbalmente a esa persona, compartir ese secreto, hacer esa acusación, involucrarte en esa broma pesada?

Hace años, mientras hablaba acerca de la iglesia emergente, me hicieron una pregunta que nunca debí tocar durante un panel de preguntas y respuestas: “¿Qué piensa usted acerca de esta persona?”. A menos que estés preparado para decirle al mundo que tal persona es tu mejor amigo y que su ministerio es importantísimo para ti, casi nada bueno puede venir de responder preguntas como esta. Después de tratar de calificar la crítica que sabía estaba a punto de dar, construí una frase que estaba falta de caridad y demasiado rebuscada. No estaba mal estar en desacuerdo con la persona en cuestión, pero no tuve cuidado en vocalizar mis desacuerdos correctamente. Unos días más tarde mi declaración descuidada se estaba transmitiendo a lo largo y ancho del internet. Eventualmente, hablé por teléfono con la persona. Tuvimos una conversación agradable y tuve la oportunidad de pedir disculpas por ser descuidado. Aprendí por el camino difícil, pero al menos lo aprendí al principio: cualquier cosa dicha en público puede ser escuchado por cualquier persona.

3. ¿Realmente sé de lo que estoy hablando?

Una de las grandes cosas de trabajar en mi tesis doctoral es que puedo ver más claramente lo difícil que es, realmente, ser un experto en algo. El internet está lleno de aficionados que piensan que son expertos. Eso no significa que no puedas expresar tu opinión sobre algún caso importante sin ser abogado o que no puedas explicar la Biblia sin un título de seminario. Lo que sí significa es que por lo menos debemos hacer una pausa antes de publicar y considerar si nuestro manifiesto brillante no es más que una opinión arraigada en la especulación, basada en rumores, reforzada por una búsqueda de 45 segundos en Google.

4. ¿Qué pasa si me encuentro con esta persona el día de hoy?

Permíteme compartir otra lección temprana que aprendí de un error de bloguear. Uno de mis primeros artículos fue un golpe sarcástico a otro autor con el que no estaba de acuerdo. Unos días más tarde estaba hablando en un evento y vi que un colega y amigo de esta persona estaba en una mesa al otro lado de la habitación. Tan pronto como me vio hizo una línea recta hacia mi mesa y procedió a increparme por mi post sarcástico. No fue una experiencia agradable, en parte debido a que pocas personas disfrutan este tipo de confrontación, y porque el amigo de este hombre tenía razón. Yo, como bloggero sin mucho renombre, no había interiorizado que este gran autor de quien estaba hablando era una persona real. Nunca consideré que él se iba a enterar de lo que yo había publicado, o que podía tener amigos, o que él podía tener una esposa e hijos, o que podía estar teniendo un mal día, o que podía estar en medio de un profundo duelo, o que podía haber tenido una vida mucho más difícil que yo, o que este famoso pastor, o líder, o autor, o atleta era igual que yo en muchos aspectos, o que podía ponerse en contacto conmigo, o que podía encontrarme con él, o con alguien cercano a él en cualquier momento.

Una vez más, no hay nada de malo en el desacuerdo, incluso desacuerdo severo. Aun la sátira tiene su lugar. Pero no deberías ser más hombre detrás del teclado de lo que serías sentado en una mesa con esa persona. Desde que tuve esta experiencia dolorosa en los primeros días de los blogs, he tratado de pensar con cada pieza polémica: “¿Diría lo mismo si él o ella estuvieran en esta habitación conmigo ahora mismo?”. Aunque estoy seguro de que todavía cometo errores, y algunas personas todavía piensan que soy demasiado polémico, esta simple pregunta me ha ayudado a pensar mucho más cuidadosamente cómo digo lo que digo y si debería decir algo en absoluto.

5. ¿Me voy a sentir bien acerca de este artículo más adelante?

Ciertamente es tentador enviar una réplica ingeniosa en medio de la batalla. Dejar caer esa bomba puede sentirse tan bien. Pero a menudo es poco aconsejable. ¿Por qué pensamos que el mandato bíblico de ser prontos para oír y tardos para hablar (Stgo. 1:19), aplica a todo lo demás, excepto al internet? Sé que está la prisa por obtener la primicia. Sé que esperamos denuncias instantáneas de todo el mundo en el momento en que algo luce sospechoso. Sé que en el calor del momento parece refrescante combatir el fuego con fuego. Pero al final del día necesitas poder poner la cabeza en la almohada y dormir con la conciencia tranquila.

La mayoría de nuestros comentarios en línea se caracterizan por “comentar primero, preguntar después”. Cuando nos apresuramos a expresar nuestra opinión acerca de todo asunto debajo del sol, hacemos que el cambiar de opinión sea mucho más difícil cuando aprendemos cinco minutos, o cinco días, o cinco años más tarde que no sabíamos realmente de lo que estábamos hablando. Esto hace más difícil el arrepentimiento a los 30 años, cuando comenzamos a sentir vergüenza por la indiferencia y la ignorancia en que nos especializamos mientras estuvimos en los 20. ¿Por qué mejor no dejamos de publicar hoy lo que podríamos lamentar mañana?

6. ¿He buscado el consejo de otros?

Casi todos los artículos que escribo son leídos por otra persona antes de ser publicados. En primer lugar por mi asistente, a veces por otros miembros del personal, a menudo por otros amigos en el ministerio, y de vez en cuando por mi esposa. Si estoy escribiendo algo controversial o polémico, primero lo envió a uno o más amigos antes de publicar la pieza. No puedo decirte de cuántos dolores de cabeza me he librado, el número de líneas tontas que he borrado, o la cantidad de artículos que he desechado por completo. Yo prefiero ir a dormir lamentando el tiempo que perdí en un artículo que nunca fue publicado o en un comentario que nunca llegue a compartir, en vez de tener que arrepentirme de un pensamiento estúpido que no tenía que haber hecho público. Si no tienes una multitud de buenos consejeros para tu vida en línea, obtenlos (Prov. 15:22).

7. ¿Tengo el número de teléfono de esta persona?

Se ha explicado muchas veces que el proceso de confrontación establecido en Mateo 18 no tiene la intención de eliminar el discurso público. No tienes que enviarme un correo electrónico antes de escribir una reseña crítica de uno de mis libros o por no estar de acuerdo con una entrada en el blog. Se puede interactuar públicamente con cualquier material que ha sido hecho público. Pero, al mismo tiempo, no debemos hacer un trabajo personal en el espacio público. Es por eso que la pregunta acerca del número de teléfono es una buena regla a tener en cuenta (regla que he seguido a veces y debería haber seguido en otras ocasiones). Mientras más cercana la persona está a ti, mayor es la responsabilidad de tratar de resolver los desacuerdos personalmente antes de hacerlos públicos, especialmente si esos desacuerdos se han vuelto personales. Si Jonathan Leeman, por ejemplo, escribiera un artículo en contra de mi defensa del bautismo de niños, no me ofendería o me sorprendería. Jonathan y yo somos amigos, y sabemos que no estamos de acuerdo en el tema. Pero si se dedicara a destruir los últimos cinco sermones que he predicado, me sentiría molesto. Me preguntaría por qué nunca me había dicho acerca de estas preocupaciones antes. Me preguntaría por qué no hablo conmigo primero. Ciertamente, él tiene el derecho de hablar en público acerca de material público, pero él tiene mi número. ¿Por qué no darme una llamada?

Este punto debe ser considerado como sentido común, pero se olvida fácilmente. Y se termina con una parte de la familia criticando a otra parte de la familia en línea, miembros de la iglesia enojados con otros miembros de la iglesia, feligreses criticando a su pastor, pastores criticando a sus feligreses. ¡Levanta el teléfono! No te conformes con discusiones públicas cuando puedes tener una conversación privada.

8. ¿Cuál es mi motivación?

Lo sé, esto es difícil de medir. Es casi imposible estar seguro de que tenemos motivos totalmente puros en todo lo que hacemos, y mucho menos cuando se trata de las redes sociales. Pero eso no quiere decir que no debemos examinar nuestros corazones antes de agotar a nuestros lectores: “¿Qué está pasando en mi alma mientras escribo esto? ¿Por qué estoy tan agitado? ¿He trabajado todo el día en este artículo debido a que temo al hombre? ¿Estoy a punto de lanzar este comentario porque me encanta la alabanza de los hombres? ¿Estoy tratando de aumentar el tráfico en mi página? ¿Estoy entrando en la discusión, porque la controversia significa que tendré más visitas y las visitas significan dinero? ¿Estoy uniéndome a la turba solo porque parece ser una manera fácil de hacer amigos e impresionar a la gente? ¿Tengo demasiado miedo de estar en desacuerdo con los influyentes? ¿Estoy demasiado impaciente en demostrar quién es el hombre (o mujer)? ¿Es mi preocupación principal ir a favor de la corriente? ¿Es mi gran ambición ser único y estar al margen de la Institución? ¿Espero servir o ser servido con este articulo? ¿Estoy buscando amar o ser amado por este tuit? Por lo que yo sé de mi propio corazón, ¿qué es lo que está motivando esta locura? ¿He tomado el tiempo de formular preguntas difíciles acerca de mi corazón?”

9. ¿He tratado de amar a mi prójimo como a mí mismo?

No eres un bloggero cristiano (o tuitero, o comentarista o actualizador de estados) si no haces lo que haces en amor. No estoy hablando acerca de la frecuencia con la que escribes acerca del amor. Eso es bastante fácil de hacer. Los que se caracterizan por ser muy vocales acerca del amor pueden ser los más faltos de amor. Los más grandes campeones de la gracia pueden carecer totalmente de la misma. Estoy hablando acerca de si en tu escritura utilizas con otros la medida que te gustaría se utilizara contigo (Mat. 7:2). No asumas lo peor. No saltes a conclusiones. Trata de entender. Retén el juicio. Dale a la gente el beneficio de la duda. La caridad cristiana no puede reducirse a la afirmación incondicional y a estar de acuerdo en todo, pero tampoco es menos que la humildad y la paciencia básica.

10. ¿He perdido todo el sentido de la proporción?

Cada blog, cada cuenta de Twitter, cada página de Facebook tendrá su propio sentir, sus propios énfasis, pasiones y peculiaridades. No hay problema. Es imposible que una sola persona o plataforma pueda interactuar de igual manera con todo lo que es importante. Pero incluso con estas salvedades, hay que tener cuidado. Podemos desbalancearnos fácilmente. Podemos perder rápidamente la trama. Podemos dejar que nuestra retórica robe lo mejor de nosotros. Podemos montar nuestros caballos de batalla hasta acabar con ellos. Podemos creernos la locura acerca de nuestra propia importancia o el significado duradero de la última crisis eclesiástica.

Cuidado, no sea que tu vida en línea refleje una lista truncada de preocupaciones bíblicas. Ten cuidado de ti mismo cuando comiences a creer que tus enemigos no pueden hacer nada bueno y tus amigos no pueden hacer ningún mal. Piensa dos veces antes de publicar tu segundo discurso de la semana. Algo está mal si tu blog parece estar atrapado en la perpetua celebración de Festivus. ¿La gente obtiene más de tus artículos y tuits que de la emisión diaria de quejas? ¿No dice Santiago que se supone que seamos leeeeeeeeentos para airarnos? (Stgo. 1:19). Entonces, ¿por qué estás tan sensible todo el tiempo? ¿Estoy obsesionado con defender mi territorio en mi pequeño rincón de mi pequeño feudo en la Internet? ¿Todavía no dejo ir batallas pasadas?

Si la gente tomaran pautas para la doctrina y el discipulado cristiano de la lectura de mis artículos, tuits y actualizaciones día tras día, durante años y años, ¿en qué clase de cristianos se convertirían? ¿Cuál es el estado de ánimo dominante en mi espacio virtual: ultraje, beligerancia, cinismo? ¿Que está siendo constantemente promovido: la Biblia, la gloria de Dios, la cruz? O tal vez la mejor pregunta es: ¿Qué hace latir el corazón de mi presencia en línea, promover a mi Salvador, o promoverme o a mí mismo?

Escrito por Kevin DeYoung
Kevin DeYoung es el Senior Pastor de University Reformed Church en East Lansing, Michigan. Está casado con Trisha y tienen 5 niños pequeños.
 
Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/piensa-antes-de-publicar

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