15

Dic

2015

¿Puede un cristiano ser homosexual?

Puede-un-cristiano-ser-homosexual---Por-Gerson-Morey

 
La reciente aprobación al matrimonio gay en Estados Unidos, reaviva una vez más la siempre acalorada discusión acerca del homosexualismo. La decisión de la Corte Suprema ha causado un gran revuelo, pero es llamativo que ha encontrado más aceptación que resistencia entre el pueblo americano. Desde luego, esta es una decisión que sorprende y seguramente será el comienzo de otras decisiones que afectarán el ya debilitado carácter moral de esta nación. Desde hace muchos años, la sociedad norteamericana viene cayendo en un espiral descendente de corrupción.

No obstante, una de las cosas que más sorprende es la falta de una respuesta firme y combativa departe de toda la iglesia cuando se trata de defender nuestra fe. Es decir, preocupa nuestra incapacidad para presentar argumentos bíblicos de nuestras posturas.

Ahora bien, entre las cosas que se escuchan departe de quienes abogan por el matrimonio gay, hay una que merece especial atención y debe ser explicada con claridad. Me refiero al argumento de algunos que dicen llamarse cristianos siendo homosexuales. Personas que dicen ser creyentes, que asisten a la iglesia y leen la Biblia, pero que practican un estilo de vida homosexual.

Lo preocupante de esto, es que algunos cristianos se pueden confundir, al pensar si de verdad es posible que una persona pueda ser un creyente y todavía practicar el homosexualismo. Esto es lo más preocupante. Esta confusión es posible dentro de la iglesia quizá por la falta de una comprensión bíblica de lo que es el arrepentimiento y un defectuoso entendimiento de lo que implica la regeneración, la fe y conversión del pecador.

En este sentido sería bueno comenzar estableciendo que la Real Academia de España (RAE) define de dos maneras a la palabra homosexualidad: (1) Inclinación hacia la relación erótica con individuos del mismo sexo. (2) Práctica de dicha relación.

Es importante anotar que este estilo de vida fue practicado desde muy temprano en la historia de la humanidad. El relato acerca de Sodoma y Gomorra nos ofrece bastante luz respecto a esta práctica y la gran influencia que tuvo sobre esa sociedad (Génesis 19). Por eso, desde un comienzo fue prohibido y se advirtió al pueblo de Israel del castigo correspondiente (Levítico 18:22-23). Mejor dicho, la práctica de la homosexualidad fue considerada como un pecado, condenada por Dios y digna de la reprobación divina (Levítico 20:13 & 1 Reyes 14:23-24). Además, toda forma de homosexualismo fue condenada, que incluso se advirtió al pueblo de no vestir ropa del sexo opuesto: “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace” (Deuteronomio 22:5).

Pero el Nuevo Testamento también es enfático y contundente en apuntar al carácter pecaminoso del homosexualismo y de condenarlo como cualquier otro pecado:

“la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores…para los homicidas…los fornicarios…los sodomitas…” (1 Tim 1:9-10)

“No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos….heredarán el reino de Dios” (1 Cor 6:9-10).

“y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados” (2 Pedro 2:6-8).

“como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas 1:7).

Ahora bien, como sucede con cualquier otro pecado, la sangre de Cristo es suficiente para hacer remisión y limpiar toda maldad (1 Juan 1:7). Cuando los hombres se arrepienten y abandonan sus malos caminos, son perdonados y reconciliados con Dios, y de la misma manera el homosexual también puede hallar misericordia para el perdón de sus pecados, para su transformación a la imagen de Cristo y el regalo de la vida eterna.

Pero, ¿qué significa arrepentirnos? ¿Puede una persona decir que se arrepintió y se convirtió a la fe y seguir practicando abiertamente el pecado del homosexualismo? ¿Puede una persona homosexual llamarse un creyente?

¿Qué significa arrepentirnos?

Para empezar a responder a estas interrogantes debemos establecer una definición de lo que es el arrepentimiento bíblico. Y para el efecto, será de provecho considerar las dos palabras que se usan en el Nuevo Testamento para describirlo: Metanoia que es un cambio de parecer y Epistrofe que significa volver ó regresar.

Estas dos palabras nos dan una idea integral acerca de esta experiencia. Porque el arrepentimiento implica un cambio de mente y un volverse a Dios. Como la idea de conversión que se presenta en el Antiguo Testamento: Volver y convertirse a Dios (Isaías 55:6-7 & Jeremías 25:5 & Ezequiel 33:11). En esta misma línea, debemos apuntar que el apóstol Pedro en su primer discurso llamó a los hombres diciendo “Arrepentíos y convertíos”(Hechos 3:19).

De otro lado, el apóstol Pablo nos habla de un aspecto del arrepentimiento que no debe separarse del mismo: el lamento y la tristeza. Cuando escribió a los corintios les dijo: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…” (2 Cor 7:10). Se entiende que esta emoción es producida por nuestra conciencia del pecado y por haberle fallado a Dios. Tal como lo expresó David cuando confesó su falta: “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos” (Salmos 51:4).

A partir de aquí es importante reconocer los elementos que constituyen un arrepentimiento genuino. A saber, el elemento intelectual, el emocional y el voluntario. El intelectual porque reconoce el pecado, el emocional por la tristeza de haberle fallado a Dios y el voluntario porque se abandonan los malos caminos. Por eso podemos definir al arrepentimiento como un lamento genuino por el pecado, renuncia al pecado y propósito sincero de abandonarlo para andar en obediencia a Dios. Cualquier experiencia que no contemple estos aspectos, no es arrepentimiento.

Es por eso, que el apóstol Juan fue enfático hablando de aquellos que habían recibido la gracia del nuevo nacimiento al decir: “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado…” (1 Juan 5:18). La regeneración al ser una obra de Dios es segura y evidente pues le da nueva vida al pecador, un nuevo corazón para andar en sus caminos (Ezequiel 36:26), le concede el arrepentimiento y el don de la fe para confiar en Cristo para el perdón de sus pecados. Quien ha nacido de Dios, no practica el pecado -como un estilo de vida- porque tiene una naturaleza divina que lo impulsa a aborrecer el pecado y a amar la justicia.

Entonces ¿Puede un creyente ser homosexual?

En ninguna manera.

La biblia es enfática y clara en describir el carácter pecaminoso del homosexualismo, de prohibirlo y condenarlo. Por lo tanto, podemos y debemos afirmar junto con las Escrituras que aquella persona que practica el pecado, incluyendo el pecado del homosexualismo, no puede llamarse un creyente, porque nunca nació de nuevo, no se arrepintió, ni abandonó sus malos caminos y nunca creyó en Cristo para el perdón de sus pecados.

Para terminar ¿Hay esperanza para el homosexual?

Claro que sí.

Porque los que practican el homosexualismo, tienen el mismo llamado al arrepentimiento que se hace a toda clase de pecadores, sean adulteros, ladrones, mentirosos, homicidas, fornicarios, etc. Es decir, que ellos también pueden ser recibidos a misericordia, obtener el perdón de sus pecados, ser justificados, aceptados, adoptados y transformados como hijos de Dios para gozar de comunión con él. Esto es precisamente lo que Pablo dijo a los corintios en el mismo pasaje citado anteriormente donde condena al homosexualismo junto a otros pecados:

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11).

Esta es la promesa del evangelio. Un mensaje de esperanza a todos los pecadores. Una gracia que se ofrece a los hombres en Cristo Jesús. Una obra que Dios hace para salvar a los hombres de sus pecados. El único mensaje que salva y transforma al pecador. El mensaje que todavía está vigente y que sigue llamando a los hombres a reconciliarse con su Creador.

Escrito por ​Gerson Morey
Gerson Morey es pastor en la Iglesia Día de Adoración en la ciudad de Davie en el Sur de la Florida y autor del blog cristiano El Teclado de Gerson. Está casado con Aidee y tienen tres hijos, Christopher, Denilson y Johanan. Puedes encontrarlo en Twitter: @gersonmorey.
 
Fuente: http://blogs-es.thegospelcoalition.org/gerson-morey/puede-un-cristiano-ser-homosexual/

Comentarios

2 Comments

  1. Selene Amador

    16 junio, 2016 at 0:27

    Por supuesto que la homosexualidad es pecado. Ahora bien, los argumentos utilizados en este artículo podrían aplicar a cualquier pecado. Entonces, ¿sí pecamos dejamos de ser cristianos? Por supuesto que no.
    No juzguemos a los demás porque pecan diferente que nosotros.

    • Gerardo

      20 agosto, 2017 at 14:20

      No se trata de si algún momento pecamos.Porque puesto que somos seres humanos no estamos inmunes a pecar.Siempre lo hacemos por omisión pero no por eso que cada segundo dejamos de ser cristianos,es ilógico pensar.Si tenés al Espíritu Santo te advertira de posible pecado que podas cometer.Si lo consumes El Espíritu se entristecera,sabrás que has hecho mal y si sos creyente de verdad tú también te sentirás triste y arrepentido,te alejaras de lo que te hizo cae para poderte a Dios.El se deleita en el pecado como puerco en el lodo ese no es cristiano.El que dice ser creyente y peca deliberadamente (tibio),es peor todavía porque Yaveh lo vomita de su boca.O se es frío o se es caliente.

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