18

Ago

2014

Que el corazón crezca al dejar ir

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Tener un corazón de madre es una paradoja sorprendente. Cuando tenemos hijos, Dios expande nuestra capacidad de amar a cada uno. Libremente amamos a estos “paqueticos” que no han hecho nada para ganarse ese amor. Renunciamos a nuestro tiempo de quietud, de dormir, a nuestra libertad sin límites, a las comidas calientes, a una vida sencilla, al egoísmo.

Luchamos con pañales, derrames, artículos pegajosos no identificables, catástrofes de las cuales “nadie” es responsable, manchas imposibles, horarios “locos”, tareas extenuantes (como levantar un bebé de 20 libras en su asiento del vehículo que pesa 15 libras y al mismo tiempo agarramos a los demás para que no salgan corriendo por el parqueo de la tienda donde trataremos de comprar comida sin llevarnos a casa una multitud de artículos que no teníamos la intención de comprar —o aún peor, llevarnos a los hijos de otra persona).

Pasamos años confiando en que Dios nos de la habilidad de lograr alimentarlos, asearlos, vestirlos, hablarles, ponerles banditas si se han hecho daño, corregirlos, orar, instruirlos, reírnos, llorar, jugar, aplaudir, abrazar, amar y…Luego confiamos en Dios para que nos capacite para dejarlos ir. Les permitimos crecer, soltarlos, ser los hombres y mujeres que Dios quiere que ellos sean. ¿Dejamos de ser sus madres alguna vez? Desde luego que no, Dios solamente continúa haciendo crecer nuestra capacidad de amar.

¿Es intensa la maternidad? Claro que lo es. ¿Vale la pena? Tenlo por seguro. ¿Puedes imaginar una mejor manera de entender el corazón de nuestro Padre Celestial que acceder a Su tipo de amor y luego dejarlo ir?

Cada día me despierto siendo consciente de que no poseo la capacidad de amar a mis hijos por mí misma. Pero Dios tiene todo lo que necesito— solo debo correr a Su presencia y pedirle, simplemente porque soy Su hija y Él me ama.

El anhela que yo crezca para parecerme más a Él y luego me libera para ser un canal de Su amor y gracia. Su amor es la paradoja original —inmerecido, incondicional, dado libremente. Alabado sea Dios.

“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El.” (2 Co. 5:21).

“y la esperanza no desilusiona, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que nos fue dado.” (Ro. 5:5).

Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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