23

Nov

2011

Rollos del mar Muerto narran una gran e inminente batalla final

Los fragmentos de seis de los antiguos rollos del Mar Muerto llegaron para descansar, por un tiempo, en el Museo Judío del Upper East Side de Manhattan. Descubiertos por beduinos en 1947 en las cuevas del desierto junto al Mar Muerto, los rollos fueron escritos entre el siglo III antes de Cristo y el siglo primero de la era cristiana. Aportan una copia de la Biblia hebrea casi 1.000 años más antigua que cualquier otra. En total, son unos 900 rollos, almacenados en ánforas de arcilla, y contienen fragmentos de las escrituras del Viejo Testamento (excepto el libro de Esther) junto con los libros apócrifos y recomendaciones de estilo de vida, escritos en hebreo y arameo.

Cuidadosamente dispuestos como mapas enmarcados, los fragmentos de los rollos tienen el atractivo magnético, tenuemente sepulcral, de las reliquias sagradas. Son tan frágiles que la luz directa no puede dar sobre ellos y ningún fragmento puede ser exhibido más de tres meses por vez.

Delicados como son, los rollos circulan: hay una muestra superpuesta de diferentes rollos del Mar Muerto en el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte, por ejemplo. La Autoridad Israelí para las Antigüedades posee, conserva y promueve activamente su exhibición: el Templo del Libro en el Museo de Israel de Jerusalén es una muestra consagrada a los rollos y está encaminado un proyecto amplio de digitalizar y archivar las imágenes de esos pergaminos en línea.

Primera vez

Esta es la primera vez que se muestran tres de los rollos: el Libro de Jeremías, que consagra el sabbat (sábado como día de descanso y observación religiosa de los judíos) y coincide con las versiones contemporáneas casi literalmente; las Palabras de los Iluminados, un himno; y el Libro de Tobit, un relato de recompensa a la piedad que fue rechazado del canon hebreo pero recogido por algunas versiones de la Biblia cristiana.

Juntos, los rollos aportan una escalofriante narrativa de las fragmentadas tribus religiosas en busca de la verdad, en gran medida similares a las varias facciones cristianas y judías de hoy.

El pergamino de la “Regla de la Guerra” describe una grande e inminente batalla final en la que los sacerdotes toman posiciones entre soldados de a pie y tocan las trompetas para reunir a las tropas, mientras que el rollo de la “regla de la Comunidad” establece estrictos estándares para ser miembro de la secta.

Además, está el Apócrifo de Daniel, en arameo, que data del siglo I antes de Cristo. Es de particular interés para los cristianos devotos porque profetiza la llegada del hijo de Dios.

La muestra incluye también objetos extraídos del emplazamiento de Qumran y sus cercanías, e invoca las vidas de las personas que salvaron los rollos en las ánforas de arcilla.

Fragmento de redecilla

Un par de sandalias de cuero casi intactas parecen un diseño de la colección de Prada para usar en la playa. Tazones de barro, monedas de plata e incluso fragmentos de redecillas para el cabello tienen un papel en el debate académico respecto de si los rollos fueron enterrados por una secta de judíos ascetas llamada los esenios, que evitaban a las mujeres y se lavaban con frecuencia.

La redecilla –que aparece en pinturas de tumbas y literatura rabínica como exclusivamente femenina– sugiere que no se preocupaban tanto por la presencia de las mujeres o que las mujeres refugiadas de la revuelta judía contra los romanos cruzaron por allí alrededor del año 68 antes de Cristo, el año que los romanos destruyeron el lugar.

Según este último punto de vista, los rollos integraban una biblioteca mayor que fue escondida en las cuevas del Mar Muerto en ánforas de barro para salvaguardarlas. Es este tipo de detalle académico minúsculo el que de pronto trae a la vida toda una civilización antigua.

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