19

Feb

2017

Vaciar primero, para llenar después

 

“No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos. Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios.” – Levítico 18:3-4

Dios le dejó bien en claro a los hijos de Israel que ellos debían evitar comportarse como lo hacían en Egipto en la idolatría, el lugar donde estuvieron cuatrocientos treinta años en cautividad; y también evitar practicar lo que verían en la tierra Canaán a donde serían introducidos para tomarla como posesión. Las prácticas de estas naciones eran su filosofía de vida; un detalle de sus abominaciones se describe en el resto del capítulo dieciocho de Levítico y también en los que siguen. Basta una simple lectura para que comprendamos la gravedad de las mismas. Era una mandamiento concreto e incondicional: No haréis, ni andaréis. Es notable que Dios llama a estas prácticas paganas “estatutos”; tal es el grado de enemistad entre el pecado y lo santo. La filosofía idólatra de este mundo establece sus propios mandatos y conduce a sus súbditos a una absoluta esclavitud: “¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” (Ro. 6:16).

Pero el mandato de Dios contenía también un aspecto positivo, es decir, Israel debía poner en práctica lo que había aprendido de Dios a través de su ley; ellos tenían la responsabilidad de velar por lo santo y justo, andando delante del Señor en su vida diaria. En otras palabras, no participar de la filosofía y abominaciones de las naciones paganas no era ninguna garantía si ellos no se conducían en obediencia a la voz de Dios. Tenían que vaciarse de algo primero, para llenar luego el vacío con otra cosa.

Es un grave error el que comenten muchos hijos de Dios cuando viven permanentemente buscando evitar lo que inevitablemente los corrompe, pero sin proporcionar a sus almas el alimento que suplante toda una manera de pensar y conducirse que caracteriza a los hombres sin Cristo. El propósito de los mandamientos para Israel era mucho más que enseñarles quién y cómo era Dios; el asunto también buscaba mostrarles a ellos que había razones superiores en las cuales ellos podían deleitarse y concentrar su atención y corazón.

La palabra de Dios no nos ha sido dejada para mostrarnos límites y prohibiciones y advertencias sobre el pecado solamente; sino especialmente para mostrarnos el gozo y la plenitud que existe en amar a Dios y servirle de corazón. La obediencia debe ser una satisfacción a los hijos de Sión; no pueden honrar a Dios por temor, sino por amor; la santidad y la justicia han de transformarse en el anhelo diario que no tendrá comparación con ninguna cosa que ofrezca la corrupción de este mundo. Ese es la mejor salvaguarda contra el pecado diario. He aquí la diferencia entre creyentes maduros conforme al corazón de Dios y aquellos que solamente creen que para ser santos hay que “dejar de hacer cosas.” Si quieres disfrutar de las bendiciones de lo alto, vacíate primero y llénate luego de la plenitud y el gozo de Cristo por su palabra.

¡Dios te bendiga!

Escrito por Biblia, Mate y Oración
 
Fuente: La palabra de Dios no nos ha sido dejada para mostrarnos límites y prohibiciones y advertencias sobre el pecado solamente

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *