1

Abr

2015

Conversaciones pecaminosas

Conversaciones-pecaminosas---Nathalie-Díaz

 

Un fuego ardiente, un mundo de iniquidad, una bestia que necesita ser domada, una fuente de agua dulce o amarga, un árbol que produce fruto bueno o malo, un mal rebelde, veneno mortal, una navaja afilada, una serpiente venenosa, un hoyo profundo… ¿Sabías que la Biblia compara la lengua con todas estas cosas?

Como mujeres nos gusta relacionarnos, conversar, conversar y conversar y podemos durar horas y horas hablando sobre cualquier cosa, en especial, “cosas de chicas”. Pero creo que todas hemos vivido la realidad de que en ocasiones,  cuando son muy extensas, esas charlas nos llevan a deshonrar a Dios por muchas razones.

Comenzamos hablando sobre vestidos y terminamos criticando el vestido que María Panchita llevó el domingo a la iglesia.

Una frase muy piadosa como “Hay que orar por…” termina por convertirse en un tremendo chisme.

El libro de Santiago nos dice que la lengua es como una pequeña llama capaz de incendiar todo un bosque.  Y he visto eso con mis propios ojos, como el pecado en nuestro corazón puede dar lugar a conversaciones realmente pecaminosas. Como jóvenes que aman a Dios, deseamos que cada detalle de nuestra vida le honre y agrade. Y  estoy segura que ese también es el anhelo de tu corazón, pero quizás, no sabes por dónde empezar a mejorar el uso de esta pequeña llama.

    Primero, evalúa la forma en que usas las palabras.

Responde con sinceridad las siguientes preguntas:

1. ¿Usas palabrotas?

2.¿Gritas, maldices o hablas con dureza?

3.¿Mientes, exageras o adornas la verdad para hacerla “más interesante”?

4.¿Hablas más de lo que escuchas?

5.¿Criticas, juzgas o condenas a los demás?

6.¿Revelan tus conversaciones envidia, celos o resentimientos?

7.¿Te quejas con frecuencia?

8.¿Blasfemas o tomas el nombre de Dios en vano?

9.¿Giran tus conversaciones en torna a ti misma, tus problemas u opiniones?

    En segundo lugar, ora.

Si respondiste que sí a alguna de estas preguntas o todas… No te decepciones, reconocer nuestro pecado y arrepentirnos es el primer paso para comenzar un nuevo caminar. Podemos venir confiadamente al trono de gracia y encontrar perdón y esperanza. ¡Esa es la maravillosa noticia del Evangelio! Si quieres puedes detenerte un segundo ahora y orar y confesar al Señor esta lucha y pedir Su ayuda.

    Finalmente, deja que la Palabra te guíe.

La Palabra de Dios dice que, “De la abundancia del corazón habla la boca”. Así que ya sabemos dónde está el problema. De manera que no nos sirve de mucho esforzarnos en cambiar las palabras si no cambia lo que está en nuestro corazón… Si lo haces así te enfrentarás con la frustración de no obtener resultados y descubrirás que esta no es una batalla que puedas ganar en tus propias fuerzas. Jesús lo dijo de esta manera,
Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre, porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre.Mateo 15:18-20
Entonces … ¡¿qué hacer?! “Pero si alguna de ustedes se da cuenta de le falta sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”. (Santiago 1:5 parafraseado)

¡Ponlo en práctica! Un ejercicio que puede resultar súper útil y edificante es ir a la Palabra y buscar todo lo que ella enseña sobre el uso correcto de la lengua. Y así poco a poco ir llenando tu corazón de Verdad.

Fuente: https://www.avivanuestroscorazones.com/blogs/joven-verdadera/conversaciones-pecaminosas/


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