30

Mar

2015

El problema de los pastores celebridades

EL-PROBLEMA-DE-LOS-PASTORES-CELEBRIDADEs---Dave-Harvey

 

Esto de las celebridades no es un problema de popularidad. Si ese fuera el caso, Jesús mismo podría haber sido censurado por tener un ministerio público masivo, hasta el punto que sus fanáticos agitaban palmas y tiraban sus capas delante de Él. Es mi deseo que los miembros de nuestra iglesia escuchen a pastores populares como Keller, DeYoung, o Chandler, o Piper. Especialmente a Piper. El hecho de que son populares quiere decir que están disponibles, así que me alegra que sean populares.

El problema no es la popularidad.

Skye Jethani escribió un perspicaz artículo en su blog en el cual responsabiliza al Complejo Industrial Evangélico (EIC, por sus siglas en inglés) por la cultura de celebridades entre pastores. El término “EIC” no debe causar confusión; es solo una manera creativa de describir las fuerzas económicas y sociológicas dentro del movimiento evangélico que contribuyen al fenómeno del “pastor celebridad”. Es bueno para leer, pero no presenta el cuadro completo. Skye habla sobre el ambiente evangélico en general, pero yo quiero enfocarme en otra dirección.

Mi interés es examinar las causas de que un pastor se transforme de ser simplemente un pastor popular a ser una “celebridad”. Quiero ir más allá de las grandes personalidades hacia mí mismo, hacia ti y hacia la iglesia local.

Primeramente, algunas definiciones:

Una celebridad es alguien que busca fama. Un líder popular es alguien a quien la fama se le abalanza encima. Para el primero, la fama es un objetivo. Para el segundo, la fama es un efecto indeseado pero comprensible de la fidelidad. Los pastores celebridades buscan plataformas. Los pastores populares saben que las plataformas se derrumban fácilmente bajo el peso de la gloria humana, así que edifican sus iglesias locales un alma a la vez. Por supuesto, el pastor popular puede que adquiera un poco de fama. La palabra “popular” implica fama. Pero la fidelidad (1 Corintios 4:2) es su pasión. La fama es un producto secundario (1 Pedro 5:6).

Estas son distinciones simples, pero revelan una falla que divide el corazón humano. También hay un área gris entre los polos que separan al pastor popular del pastor celebridad. La mayoría de los pastores (me incluyo) tienen un colorido surtido de motivaciones mezcladas (Jeremías 17:9). Solo Dios conoce el corazón del pastor (Jeremías 17:10).

Antes de que el lector piense que tengo a alguien en particular en la mirilla con estas observaciones, quiero apresurarme a decir que es así: ¡Yo mismo! Eso no quiere decir que yo esté siquiera en riesgo de ser popular. En mi caso, convertirme en un pastor celebridad requeriría el trasplante de unos cuantos dones que no poseo al presente, incluyendo una iglesia enorme, un intelecto magnífico, y una boca llena de dientes perfectamente blancos. Pero no tengo que mirar más allá de mi espejo para descubrir a alguien que quiere ser popular. Y un aspirante a popular no es nada más que una celebridad que no ha tenido la oportunidad.

Así que, ¿a qué debo prestar atención? ¿Cómo sé yo, o cómo sabe cualquier otro, si tenemos el “virus de celebridad”? ¿Habrá tal vez unas señales tempranas? He aquí algunas.

Amor por la distinción

Los líderes quieren distinción; es parte de la razón por la que les atrae ser líderes. Tira una piedra en cualquier dirección y le darás a un hombre que se siente que ha sido “apartado” para ser líder. El deseo de distinción es simplemente una persona diciendo: “soy un individuo, creado y llamado por Dios para ‘ir y producir fruto’” (Juan 15:16). El deseo de distinción arma a los líderes con un sentido de destino y de propósito. Todo bien hasta aquí. Pero la distinción echa a perder el alma cuando se eleva a la pasión singular del amor. Es el amor por la distinción que causa el golpe de estado en nuestro interior. Timothy Dwight advirtió sobre esta bestia hace 200 años en un discurso dirigido a líderes jóvenes. Dijo: ”No hay pasión o búsqueda más egoísta que el amor por la distinción. El ego es su único objetivo, objetivo en el cual todas las otras labores, búsquedas y deseos hallan su fin”.

Cuando el impulso a la distinción se convierte en amor a la distinción, una celebridad es concebida. Y hay pocas personas más peligrosas que un pastor que busca la fama. Yo lo sé porque he visto a este enemigo en mi propia alma. Esto me demuestra que aun los hombres con dones modestos pueden ser seducidos por el amor a la distinción.

Grupos de NO-rendición de cuentas

Líderes fuertes necesitan estar rodeados de otros líderes fuertes. En otras palabras, necesitan estar rodeados de un ejército de hombres valientes que puedan llamar la atención a algo que huele mal. Los pastores celebridades muchas veces tienen redes de relaciones personales y hasta grupos pequeños que pueden crear la ilusión de estar a cuentas, cuando en realidad no es así. Se rodean de un séquito de amigos o familiares que están deslumbrados por los dones, los frutos o el liderazgo del pastor. Pero un séquito deslumbrado se convierte en un grupo de facilitadores, personas que reciben algún tipo de satisfacción al dejar pasar las faltas del pastor. Todo líder eventualmente se tiene que dar cuenta de que si algún miembro de su equipo tiene un ídolo que se apacigua al acomodar al líder, este miembro se convierte en un gran animador y a la vez en un mal amonestador. Juntos forman un grupo de no-rendición de cuentas.

Para una celebridad con el ego henchido, las preguntas inquisitivas se sienten como un ataque personal. Y para el incauto que tenga la valentía de hacerlas, es un camino seguro a “calentar el banco”. Pero todos necesitamos hermanos fieles que estén dispuestos a herirnos (Proverbios 27:6). A menos que existan dos o tres personas de quienes el pastor pueda decir “él será honesto conmigo, aunque me hiera”, este pastor está disfrutando de no rendir cuentas, sin importar lo extensa que sea su red de amistades. También está en el sendero resbaladizo hacia la celebridad.

Ten cuidado si te empiezas a preocupar demasiado por la persona que proyectas y a no preocuparte por la misión del evangelio. Cuando el mensajero se vuelve más importante que la misión, es una señal de que el pastor se está desviando hacia la celebridad. El pastor popular, sin embargo, tiene una visión de la lealtad más centrada en el evangelio. Esta visión no se define por lo que alguien le pueda deber al pastor, sino por la lealtad a la misión y al evangelio.

Hogar búnker vs. Hogar ministerial

Un anciano debe ser “hospitalario” (1 Timoteo 3:2, Tito 1:8). Sin importar si es hacia amigos o extraños, el resultado es el mismo para un anciano: su llamado reclama su casa. Los pastores populares asumen que este pasaje les continúa aplicando, no importa su plataforma. Los pastores celebridad piensan que han crecido lo suficiente como para no tener que ofrecer hospitalidad, lo cual quiere decir que no echan mano de la gracia que viene cuando uno abre sus puertas. El hogar deja de verse como parte del ministerio, y comienza a verse como un búnker de escape.

Cuando un líder abre las puertas de su casa, lo que sucede va más allá de una simple cena, o postre, o lo que sea. Él invita a la gente a un contexto donde él (a) no es especial, (b) le ofrece a otros un vistazo más detenido a su matrimonio y familia y (c) sirve al ser hospitalario. Creo que esto es parte de la razón por la que Dios incluye la casa del líder en sus requisitos. El pastor celebridad, por otro lado, mantiene su puerta cerrada porque (a) él es especial (y por consiguiente, está exento), (b) no está consciente de su propia necesidad de un vistazo más detenido y (c) no tiende a servir (nuevamente, está exento). Para el pastor celebridad, la gente es el impuesto a pagar por el ministerio. Para la mayoría de los pastores, la gente es el punto del ministerio.

En mis 28 años de ministerio, he tenido largas temporadas de hospitalidad fructífera. Pero honestamente, he tenido otras cuantas donde no me apliqué lo suficiente. A veces la puerta se comenzaba a cerrar en respuesta a problemas en el ministerio, así que entiendo esa tentación. Pero también me di cuenta, al trabajar con líderes, que cuando la casa se convierte en un búnker en vez de un lugar para ministrar, todos pierden: la esposa, los hijos, la iglesia y ellos mismos. Para la celebridad, el aislamiento que gana lo protege, pero esto le cuesta muchas veces la credibilidad.

Mantener los líderes

Los líderes fuertes atraen a otros líderes; es parte del carisma que los hace populares. Pero sólo los buenos líderes mantienen a los líderes a su alrededor. Cuando un líder fuerte tiene una puerta giratoria para los que sirven bajo su tutela, típicamente indica que no se desempeña bien en privado. En una conversación reciente con Collin Hansen, él sugiere que parte de lo que separa a los pastores celebridades de los pastores populares es su incapacidad de mantener buenos líderes a su alrededor. En otras palabras, un indicador verdadero del éxito es no solamente atraer buenos líderes, sino también mantenerlos.

No estamos hablando de conflicto. Edifica una iglesia, o una red de iglesias, y puedes anticipar que tendrás montones de conflictos. No me refiero a un hombre que no está dispuesto a o que es incapaz de tratar con el conflicto, sino a un hombre que despide a todo el que no esté de acuerdo con sus ideas. El resultado es que los buenos líderes no duran mucho.

Investiga por qué los líderes se marchan. Los hombres que tienen dones de liderazgo necesitan estar seguros de que serán cuidados y no explotados. Cuando los líderes no permanecen, esto puede ser una señal de que se sienten como si sus dones estuvieran siendo usados para aumentar el ego de alguien en vez de ser usados para que el reino de Dios tenga un impacto. No toma mucho tiempo para que un líder astuto se dé cuenta de la diferencia.

¿Y tú?

La mayoría de nosotros nunca tendrá que lidiar con los peligros de la prominencia. No somos el tipo que puede deslumbrar a una multitud con nuestra perspicaz y brillante oratoria. Somos solamente pastores ordinarios. Pero la semilla de la celebridad está dentro de cada uno de nosotros, esperando ser irrigada por nuestra propia estupidez. Lo que esté pasando con los pastores celebridades no es mi problema. Yo mismo soy mi problema (1 Timoteo 1:15).

Que Dios nos ayude a resistir la tentación de ser celebridades y que reafirme nuestra devoción a una vida de simple fidelidad. Y que nos inspire con las palabras de Dietrich Bonhoeffer, un apasionado pastor popular ordinario que dijo: “La iglesia no necesita personalidades brillantes, sino siervos fieles de Jesús y de los hermanos”.


Dave Harvey es el fundador de Am I Called? (¿He sido llamado?), y pastor de predicación en Four Oaks Church en Tallahasse, Florida. Es el autor de “Rescuing Ambition”, “Am I Called?”, y “Cuando pecadores dicen ‘acepto’”.

Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/el-problema-de-los-pastores-celebridades


Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *