24

Nov

2014

Interstellar bajo la luz de la Biblia

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“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has establecido, digo: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?”, Salmo 8:3-4

Me gustan mucho las películas de Cristopher Nolan. Y sí, sé que ya es cliché.

Ha caído mucha lluvia desde Following y Memento, con presupuestos de seis mil y cinco millones de dólares respectivamente, hasta los 250 millones de The Dark Knight Rises. Pero en un mundo de expendios y libertinajes, donde las películas traen un lenguaje cada vez más soez y están cada vez más cargadas de sensualidad, Nolan tienden a ser mucho más moderado. Sus filmes regularmente proveen de un espectáculo visual, sí, pero acompañado de tramas que te llevan a conversar sobre qué exactamente acaba de pasar. Rara vez puede un cristiano seguir la obra de un director sabiendo que no va a exponerse a sensualidad o glorificación del pecado. Así que, sí: fui a ver Interstellar la noche de estreno. Y luego un par de días después.

Hay mucho que disfrutar en esta película. Este no es el lugar ni soy yo la persona para hablar de los méritos técnicos de la película. Pero son muchos. Es una experiencia verla en IMAX, o en cualquier buena pantalla. Interstellar produce un sentido de asombro en los paisajes que presenta. La música y la fotografía son impresionantes. Las actuaciones son excelentes. Pero todas esas cosas son para otro espacio. Pero luego de ver Interstellar, quedé con un sabor agridulce en la boca. Me parece ser la película más honesta de Nolan. En películas anteriores habían un elemento de misterio y preguntas sin respuesta. (Yo digo que no era un sueño: sea el totem el trompo o el anillo, vimos la cara de los niños). Pero Interstellar trata de cruzar todas las t y ponerle su punto a todas las i, y las respuestas que da son, francamente, preocupantes. Si no has visto la película, y no quieres spoilers, no sigas leyendo.

Un mundo en necesidad

En Interstellar el mundo se encuentra al borde de la hambruna. Solo hay espacio para hacer lo necesario para sobrevivir. Las maravillas de otrora dan paso al polvo. La humanidad es una sombra de lo que antes fue. Cooper (Matthew McConaughey), quien fuera el mejor piloto de la NASA, ahora siembra y cosecha maíz.

Una situación como esta deprime al mejor de los hombres. Y Cooper sí está desanimado. Pero él tiene un espíritu indomable. Él es el hombre del momento cuando el mundo lo necesita. Seres de otra dimensión han abierto una puerta que puede resultar en la salvación de la humanidad. La tierra que parecía perdida ahora tiene esperanza, y Cooper deja detrás todo lo que conoce y ama con tal de salvar al mundo. El sacrificio de un hombre se convierte en la salvación de la humanidad. El evangelio según Cris Nolan.

Un problema de fábrica

La T del Tulip viene de Total Depravity, Depravación total. Este concepto no quiere decir que somos tan malos como podemos ser, ni que todo lo que hacemos es malo. De hecho, Cristo deja claro que aun los peores hombres hacen cosas buenas (Mateo 7:11). Depravación total significa que todas las áreas del ser humano han sido afectadas por el pecado: nuestro intelecto, nuestras emociones, nuestras fuerzas, nuestro cuerpo. En palabras de Pablo, el mal mora en nosotros (Romanos 7:18); o como lo dijo David, nuestro pecado está siempre delante de nosotros (Salmos 51:3).
Al principio del recorrido, Amelia Brand (Anne Hathaway) explica que está emocionada por poder explorar el universo, porque allí no hay maldad. La naturaleza, dice, puede ser sorprendente, inspiradora y aterradora, pero no “mala”. Pero Cooper le recuerda que sí tendrán que enfrentar el mal: la misma maldad que está dentro de ellos.
Esa es la verdad que todos tenemos que enfrentar. La Biblia nos enseña que las verdades más importantes de la creación y el Creador son evidentes y nosotros las suprimimos (Romanos 1:18). No necesitamos que nadie nos convenza de que somos malos. Los reformadores, al redactar el Tulip como respuesta a las enseñanzas de los arminianos, no inventaron nada nuevo.
Al llegar al segundo planeta, los protagonistas se encuentran con el que se nos dice en dos ocasiones que es el “mejor de nosotros”:  El Dr. Mann (Dr. Hombre o humanidad, si no notaste el juego de palabras). Él es la piedra angular del desarrollo del plan que va a salvar la humanidad, él lideró el proyecto y él inspiró a los otros a continuar. Pero, ¿recuerdas lo que hace Dr. Mann? En su egocentrismo y su deseo de supervivencia, él no solamente trata de asesinar a uno de nuestros navegantes: él pone en riesgo a la humanidad completa.
Qué irónico: el mejor de los hombres casi termina con la humanidad. Si bien es fácil airarse contra él y su actitud egoísta, la verdad es que no es muy distinto a lo que nosotros hubiéramos hecho. Es como aquella escena en The Dark Knight, donde están dos barcos, uno repleto de criminales y el otro donde están los ricos y poderosos de ciudad Gótica. El preso sacrifica su barco con tal de que los otros sobrevivan, y al final Batman derrota al Guasón y le demuestra que no somos tan malos. Todos buenos y felices. Pero tú y yo sabemos que no es así.
El Dr. Mann no es la excepción. No solo el mejor de nosotros es capaz de hacer las peores cosas en circunstancias especiales: tú y yo tenemos la tendencia a hacer las cosas mal en todas las circunstancias. “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros”, nos dice 1 Juan 1:8. “El corazón de los hijos de los hombres está lleno de maldad y hay locura en su corazón toda su vida. Después se van a los muertos”, nos diceEclesiastés 9:3.
Algo más: es posible que lo que haya motivado a Mann sea el miedo, no digo que no. Pero el miedo a la muerte. El miedo a que su yo desapareciera. ¿No es eso lo mismo que egocentrismo? Aunque quizás no sea lo que la película quiera decir, es lo que sabemos por la Palabra. De hecho, el primer pecado de Adán y Eva tenía en su raíz el egocentrismo y egoísmo que acompañan al orgullo: yo también quiero ser como Dios.

Un hombre hecho Dios

Si bien es Cooper quien canaliza la salvación de la humanidad, él no es EL salvador. Dentro del filme, él representa lo mejor de la raza humana. La idea de Interstellar no es que necesitamos un salvador: es que nosotros podemos (¡y debemos!) salvarnos a nosotros mismos. Esa es la misma idea detrás del humanismo secular: el hombre es capaz de salvarse a sí mismo.
La película lleva esta idea a la máxima expresión, aun burlándose del misterio que acompaña a la fe. Durante las primeras dos horas, se nos habla de que hay otros “seres”: ellos abrieron el portal, nos enviaron mensajes a través de la gravedad, nos mostraron planetas donde la humanidad podría sobrevivir. Pero en el tercer acto se cae el telón y de la forma más clara posible se nos dice que “ellos” somos “nosotros”. No hay más nadie ni más nada. El ser humano se encargó él mismo de salvarse, ascendiendo cada vez más en su conocimiento hasta lograr trascender las tres dimensiones, poder mandar mensajes a través del tiempo y poder manipular el tiempo y espacio para, desde el futuro, garantizar su supervivencia en el pasado. Sin rodeos, Interstellar nos dice que el ser humano puede llegar a ser lo que Dios es.
Es evidente que nosotros los cristianos estamos en contra de tal enseñanza. Tan solo hay que leer un par de páginas en la Biblia para notar que Dios está muy por encima de la creación. Y como dijimos anteriormente, en el primer pecado del hombre vemos ese deseo de ser igual que Dios. No es original o visionario el imaginarse una humanidad que trascienda el tiempo y el espacio: es el mismo orgullo de Babel (Gn. 11:4), y de Nabucodonosor (Dn. 4:30), y de Satanás (Is. 14:12-14). Pero ni siquiera necesitamos de la Escritura para saber que el hombre va en un camino constante de autodestrucción. Sí, ahora tenemos baños y sistemas que funcionan pero, ¿podemos decir que vivimos en un mundo cada vez mejor? ¿Que vemos a la sociedad mejorar? Lo que es más, ¿no era el Dr. Mann el mejor de los hombres? ¿No dijo Cooper que la maldad los acompañaba a todos, puesto que estaba dentro de ellos? Para creer que el hombre por sí mismo va en una escalera ascendente no solo se necesita mucha fe: tendríamos que hacernos de la vista gorda de los no menos de 6,000 años de historia de civilización. El mensaje del cristianismo es diametralmente opuesto al humanismo secular que enseña esta película.
Así que sí: disfruté mucho de Interstellar. Quiera Dios que más películas hagan preguntas tan complejas y se interesen en la gran panorámica. Pero la cosmovisión detrás es completamente contraria a la esencia del cristianismo. Interstellar vio la hermosura de los cielos y en vez de ver lo pequeño que es el hombre, hizo a Dios pequeño y engrandeció al hombre como un dios. Y eso no es solo desafortunado, sino que es necedad (Sal. 14:1).
La buena noticia es que es solo una película. Si en Interstellar el hombre escala hasta hacerse un dios, en la vida real Dios se humilló hasta hacerse un hombre. Y ahora, a través de Su humillación, tú y yo podemos tener entrada al Dios que creó el universo.

​Jairo sirve como director editorial de Coalición por el Evangelio y está encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Sirvió en la Iglesia Bautista Internacional en República Dominicana como líder de jóvenes y asistente pastoral hasta mudarse a Louisville, Kentucky, para realizar su Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia. Puedes encontrarlo en Twitter.

Fuente: http://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/interstellar-con-t-de-tulip


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