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Dic

2016

Mis 3 grandes miedos como adolescente

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Los años de la adolescencia pueden ser intimidantes. Los adolescentes están en la cúspide para alcanzar la adultez y enfrentan un desborde de cosas nuevas —nuevos sentimientos, nuevas experiencias, nuevas relaciones, nuevas responsabilidades, nuevas decisiones, una etapa completamente nueva en la vida. Esto es tan abrumador como estar al pie de un abismo, donde se debe saltar sin estar familiarizado con lo que hay allá abajo.

Y tenemos miedo.

Como una adolescente que está atravesando el umbral a la adultez, estoy familiarizada con los miedos de un adolescente. Toda esa inestabilidad, confusión, y toma de decisiones puede ser estresante e incluso doloroso. Me he quedado sin dormir porque todos mis miedos inundan mi cabeza, envenenando mi paz.

Tres miedos

Sobre todo, existen tres temores que gritan con fuerza y tienen larga duración: el miedo al futuro, el miedo a fallar, y el miedo tanto a la intimidad o a la soledad.

1. Miedo al Futuro

Cuando era pequeña pensaba que tenía todo mi futuro resuelto. Como todos los niños, veía a la adultez con hermosos colores brillantes, y con alegría veía cada detalle de mi vida. A los 12 años, hice planes en cuanto a mi educación, carrera, modelo de carro, e incluso la educación que recibirían mis hijos en un futuro lejano. Y luego Dios abruptamente cambió las piezas que tenía sobre mi mesa y me dirigió hacia un camino diferente. Él me invitó a tener diferentes oportunidades, y me llenó con diferentes sueños y deseos.

Al limitarme y añorar aquellos sueños que fueron cambiados, mi futuro no se veía para nada simple. Había perdido el color y se transformó en algo opaco. Algo desconocido. Como adolescente uno comienza a darse cuenta de que los planes e ideas creadas cuando éramos niños ya no son algo por sentado. Ya no tenemos control.

El invierno pasado, unos meses después de cumplir 18 años, fue uno de los momentos más inestables en mi vida. Mentalmente y espiritualmente, tenía estabilidad, pero en cada otra parte de mi vida, estaba en medio de grandes cambios: cambios de escuela, trabajo, planes, y seguridad. Un constante estrés. Mi futuro era incierto, todo estaba suspendido en el aire, y me hundía en la incertidumbre. Un temor al futuro me oprimía.

2. Miedo a fallar

Si los adolescentes fueran honestos, no es solo aquello que desconocemos del futuro nos asusta, sino también la idea de fallar en el futuro. Fallar en los estudios, el trabajo, las relaciones, al conducir —básicamente, fallar en la vida. Tenemos miedo a decepcionar a quienes amamos y arruinar todo de alguna forma irreparable y extravagante.

El miedo a fallar es paralizante porque nos inhibe de tomar decisiones y seguir adelante, en lo cual, desde luego, consiste el madurar. El convertirse en adulto es involucrarse en un proceso de pruebas y errores, arrepentimiento y gracia. Aunque como adolescentes, deseamos saltarnos la parte de los errores. Queremos que la vida venga con todos los colores brillantes. Culminar nuestra educación, obtener un trabajo, casarnos con alguien, y así vencer todo. Queremos saberlo todo, y queremos saberlo ya.

Así soy yo. Soy una perfeccionista, y tengo pavor a los errores. El fallar me hace sudar de los nervios. El miedo a fallar siempre ha estado ahí, flotando oscuramente y persistentemente en mi horizonte. Honestamente, me ha aterrado.

3. Miedo a la intimidad o a la soledad

Una de las cosas a la que más he tenido miedo es el fallar en mis relaciones. Muchos de nosotros los adolescentes luchamos mucho con dos cosas que parecerían paradójicas dentro de los miedos en nuestras relaciones: tener amigos y no tenerlos. La intimidad nos conecta con el miedo a ser conocidos por quienes realmente somos. Como adolescentes, estamos conscientes y hemos examinado con cuidado nuestros corazones. Usualmente no nos sorprendemos por lo que vemos. Esta es la etapa de mi vida donde he estado más consciente de cuán pecadora, quebrantada y defectuosa soy. Aun así, esta ha sido la etapa donde más he visto mis intentos para cubrir mis defectos. Tengo miedo de que las personas vean quién soy en realidad.

Pero también tengo miedo de estar sola. El aislamiento y la soledad son amenazas serias para mi felicidad. Quiero ser apreciada. Quiero tener amigos cercanos. Quiero una comunidad. No quiero estar sola. Pero tengo miedo por el riesgo que las relaciones conllevan.

Cuatro maneras para ayudar a un adolescente a conquistar sus miedos

Los adolescentes luchan con muchas heridas y vergüenzas que alimentan al miedo. ¿Qué se puede hacer acerca de ellas? Usted es el padre de un adolescente, o trabaja con adolescentes, o eres un adolescente, y quieres saber ¿cómo podemos ayudar a un adolescente a enfrentar sus miedos? Aquí hay cuatro sugerencias.

1. Enséñeles a poner su confianza en el lugar correcto.

Los miedos se alimentan de aquellos lugares incorrectos donde se ha puesto la confianza. Confiamos en nosotros o en nuestras circunstancias o nuestros sueños, e idolatramos nuestra seguridad por encima de nuestro Salvador. Para luchar en contra del temor, debemos cultivar la confianza en la persona que está en control y que nunca cambia. La mejor arma en contra del miedo es la fe.

2. Prepárelos para las dificultades.

Decirles a los adolescentes que la vida será fácil si ellos siguen a Jesús es una mentira espectacular. Les da una falsa expectativa que solo alimentará sus miedos. Después de todo ¿qué sucede cuando nuestro sueño de trabajo se desvanece o falla dramáticamente? Le da un sacudón al fundamento que ya de por sí tiene fallas. Ayúdennos a enfrentar el miedo, preparándonos para circunstancias que nos intimidarán.

3. Anímenos con su experiencia.

El miedo no es un pecado exclusivo de los adolescentes, para nada. ¿Ha considerado compartir con sus adolescentes acerca de sus propias luchas e historias donde ha estado involucrado el miedo? Anímelos para que sepan que no están solos. Muéstreles cómo el evangelio trae libertad —y continúa liberándonos— del miedo.

4. Combata el miedo con la gratitud.

El miedo mengua cuando la gratitud crece. Enséñeles a sus adolescentes a arrancar el miedo con una gratitud intencional. Si tienen miedo de empezar en una nueva escuela, ayúdeles a crear una lista de aquellas experiencias por las que están agradecidos. Muéstreles lo que significa tener su mirada en el lugar correcto.

No se olvide de recordar

Jesús dijo que no tenemos razón para temer (Mateo 10:28) Ninguna razón. Pase lo que pase, Dios tiene el control y Él nos cuidará. Aun así, sentimos miedo, adolescentes y adultos.

Tenemos miedo porque nos olvidamos. Entonces, la medicina para el miedo es recordar.

Recordar que Dios es soberano. Recordar que Dios es bueno. Recordar que Dios ama a sus hijos. Recordar que Dios es fiel. Recordar que Dios está presente. Recordar que Dios está por nosotros en Cristo, siempre de nuestra parte sin importar qué.

Entonces, ¿por qué deberíamos tener miedo?

Escrito por ​Jaquelle Crowe
Jaquelle Crowe es la editora en jefe de The Rebelution, a sus 18 años, y una autora del este de Canada. Su primer libro será publicado en el 2017 por Crossway. Puedes seguirla en Twitter.
 
Fuente: https://www.thegospelcoalition.org/coalicion/article/mis-3-grandes-miedos-como-adolescente

Comentarios

1 Comment

  1. Damaris Bujato

    6 diciembre, 2016 at 16:43

    Me gustó mucho esta reflexión. Fue de bendición.

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