20

Jul

2015

No, tu no me complementas

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Cuando era niño recuerdo haber visto la película Jerry Maguire. Hay una famosa escena de la película en la que Jerry Maguire le dice Dorothy Boyd que ella lo complementa. Por aquel entonces, esa escena estaba de moda y las parejas de todo el mundo se decían lo mismo en cafeterías y bares. Incluso llegue a pensar que era un hermoso sentimiento. Pero ahora que soy mayor y más inteligente, tengo un nuevo nombre para él: la codependencia.

En lo personal no sabía nada sobre la codependencia antes de ir un grupo de terapia llamada “En el Sitio”. Incluso luche contra esa codependencia por un tiempo, costándome relación tras relación.

La codependencia sucede cuando el sentido de la aprobación y validación depende de alguien más. Ahora que sé lo que es, puedo detectarlo muy fácilmente. Si alguien se obsesiona con estar con una persona que le gusta, o debe mantener un dialogo constante con la otra persona, de la manera que sea, eso es un síntoma de codependencia, aunque sea leve. Hasta si seguimos la tendencia de vocabulario actual, le podríamos llamar acecho.

Tres Almohadas

Tengo un amigo que es un adicto al amor. Él va saltando de novia en novia, arruinando cada relación por asfixiarlas a ellas. Lo que él no sabe es que ninguna cantidad de amor, que puede brindarle a cualquiera de estas chicas, le hará llenar el vacío que siente en su corazón.

Mientras hacía terapia, la psicóloga del grupo creó un ejemplo visual excelente de lo que es una relación sana. Puso tres almohadas en el suelo y pidió a dos de nosotros que nos pusiéramos de pie sobre las almohadas. Ella nos dijo que dejáramos una almohada libre al medio. Ella luego señaló a mi almohada y dijo: “Don, esa tu almohada, eso es tu vida. La única persona que puede poner un pie sobre esa almohada. Nadie más lo puede hacer. Ese es su territorio, tu alma”. Entonces luego ella señaló a la otra almohada de la otra persona y le dijo que “esa era su almohada, lo que ella poseía… esa era su alma”. Luego la psicóloga dijo, esa almohada libre que está en medio de ustedes dos, simboliza su relación.

Luego nos dijo que nosotros podríamos entrar en la almohada del medio en cualquier momento que queramos, porque habíamos acordado estar en una relación. Sin embargo, en ningún momento es oportuno o aconsejable dar un paso en la almohada de la otra persona. Lo que pasa en el alma de la otra persona es de su incumbencia. Mientras que uno mismo es responsable en su propia vida y de nadie más. En cuanto a la almohada del medio, la pregunta que debemos hacernos es “¿qué es lo que quiero en una relación?”. Más allá de que no se aconsejable, pero si no estás conforme con estar en medio y tú quieres también estar en la tres almohadas al mismo tiempo, debes ser consciente de que la otra persona también acepte ese tipo de relación. Pero nunca trates de cambiar a la otra persona.
Si sabes quién eres y conoces lo que quieres de una relación, debes dar la libertar a tu pareja.

Ojalá hubiera oído esto cuando tenía mis veinte años. No puedo decirle cuántas almohadas de otras personas invadí de manera brusca, tratando de que ella cambie su forma de ser y de comportarse. Mientras que pasaba varias noches de insomnio preguntándoles si era un buen hombre, si le gustaba o si era lo suficiente para ellas, pero a la verdad todo ha sido una pérdida de tiempo.

En un momento, mientras se trabaja con nuestra terapeuta de grupo, mencioné que pasaba mucho tiempo pensando si la chica con la que salía hacia tal o tal otra cosa, o que estaba pensando de mí. Entonces la sesión se detuvo y me preguntó por qué pasaba mucho tiempo preguntándome lo que otras personas estaban pensando.

“Esto te va a volver loco, Don,” dijo ella. “Simplemente pregúntate si eres realmente feliz y que quieres en una relación… eso es todo. Qué está pasando en la mente de otras personas no es de tu incumbencia”.

De pronto me sentí como un fisgón, un intruso o entrometido del alma, pasando por cada ventana del corazón de las personas, siendo una práctica que por durante mucho tiempo me hacía sentir y ver de manera espeluznante.

Sujetando Sin Apretar

En cierto modo, esa es la diferencia entre mi relación con Betsy y las otras relaciones que he tenido antes. Porque sé que la almohada es mía y que la otra almohada es de ella, tengo a Betsy sin atosigar. Si ella quiere salir sola, lo puede hacer. Porque sé que yo soy responsable de hacer que su almohada sea media cómoda y seguro para ella. Por supuesto ambos nos comprometemos en nuestra relación, hemos hecho la promesa en nuestra boda de estar juntos por siempre, pero, junto a mi esposa, me he dado cuenta que no puedes crecer en una relación si la está asfixiando.
Y eso se siente bien. A diferencia de cualquier otra chica con la que he salido, nunca me he preguntado dónde estaba Betsy o con quién estaba. Nunca he mirado a su teléfono, y yo nunca he mirado su página de Facebook. Su vida es su vida y la mía es mía y lo que tenemos juntos es una relación. Y es genial.

No quiero que me malinterpreten: Amo a Betsy más que cualquier mujer que he conocido y creo que siempre lo haré. Pero este es un amor sano, no es ese tipo de “amor necesitado” que he experimentado en el pasado. Antes, yo intentaba controlar todo las personas que amaba para que no se pudiera escapar. Gran parte de mi control fue de manera pasiva, pero de todos modos aun seguía allí. Por eso utilice el miedo, culpa y vergüenza para acorralar el corazón de la persona con la que estaba, y sin embargo termine matando todo el amor que había y que podía existir.

Ahora sé que había dos influencias dominantes que me molestaron en mí. El primero fue el hecho de que estaba tratando de usar a las mujeres para sanar viejas heridas del pasado, y la segunda fue una falsa suposición de que podría hacerme sentir completo por encima de cómo hiciera sentir a mi novia.

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