12

Feb

2018

¿Qué es la Gracia?

 
La película Salvando al Soldado Ryan, transcurre durante la II Guerra Mundial y cuenta la historia de cómo un soldado—el soldado raso James Ryan—es rescatado de detrás de las líneas enemigas en Normandía.1

La misión es extremadamente peligrosa; de inmediato comienza cobrando las vidas de los hombres del equipo de rescate: una tras otra. En la escena de la batalla final, que tiene lugar en un puente fuertemente blindado, el capitan del equipo de rescate susurra sus últimas palabras a un sobrecogido Soldado Ryan: “James… hágase digno de esto…merézcalo.”

Al final de la película, vemos a un anciano James Ryan volver a Normandía con su esposa, hijos y nietos. Se arrodilla frente a la tumba del capitán que lo rescató y, con lágrimas en los ojos, dice: “Mi familia me acompaña hoy… Todos los días pienso en lo que me dijo ese día en el puente. He tratado de vivir mi vida lo mejor que he podido. Espero que haya sido suficiente. Espero que, al menos ante los ojos suyos, me haya ganado todo lo que usted hizo por mí.”

Luego, volteando hacia su esposa, le ruega: “Dime que he llevado una buena vida… Dime que soy un buen hombre.”

Nunca Suficientemente Bueno

James Ryan había vivido toda su vida con las últimas palabras de quien lo rescató resonando en sus oídos. Merézcalo. De cierta manera, esas palabras lo habían arruinado. ¿Cómo su vida podría llegar a valer las muertes de esos hombres jóvenes? Nada podría llegar a ser verdadero y suficientemente bueno. Pero se motivó para seguir intentándolo.

Tal vez sientes algo como eso en tu propia vida. ¿Estás motivado para tratar de ganarte la aprobación de tus padres, tus iguales, tu cónyuge, tus amigos, tu Dios? ¿Tratas de tener esa sensación de ser “suficientemente bueno” del trabajo que haces, de la relación que tienes, del hogar en el que vives, de la familia que estás criando, del dinero que ganas, de la caridad que haces, de las elecciones éticas que haces, de la iglesia a la que asistes? ¿Acaso a veces sientes como que nunca es “suficiente”?

Podemos Merecerlo

No solo la gente religiosa está motivada para tratar de ser “suficientemente buena”. La motivación para esta empresa tiene sus raíces en algo real. La Biblia dice que cada uno de nosotros tiene un problema muy grave, que nos separa de nuestro Creador.

Se llama “pecado”. El pecado no tiene tanto que ver con las cosas malas que hacemos, aunque son síntomas del problema más profundo que tenemos. El pecado ocurre cuando intercambiamos al Dios real por dioses falsos.2 En vez de vivir para el Dios real—el que nos creó y que nos da todas las cosas buenas de que disfrutamos—vivimos para nosotros mismos, o para nuestra carrera, o para nuestro cónyuge, o para cosas materiales.

El resultado de esta manera de actuar es catastrófico. Los “dioses” que elegimos servir son esclavizantes, sin misericordia. Son fauces que nunca parecen quedar satisfechas, y ellos nunca pueden satisfacernos de manera duradera. La Biblia se refiere a ellos como “cisternas rotas que no pueden contener agua”.3

Cuando nosotros tratamos al Dios que nos hizo de esta manera, nos merecemos cada centímetro de condenación y juicio. Jesús se muestra incómodamente claro en cuanto a que porque nosotros pecamos contra Dios de esta manera, nos merecemos el infierno.4

Valorar las Cosas en Su Justa Medida

La manera cristiana de comprender a Dios nos revela que para él no hay placer en nuestros interminables intentos de hacernos agradables ante él. El libro de los Hechos dice: “El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos construidos por hombres. Ni se deja servir por manos humanas, como si necesitara de algo. Por el contrario, él es quien da a todos la vida, el aliento y todas las cosas.”5

En otras palabras, no podemos hacer nada por Dios que nos haga aceptables para él, porque a) él no necesita nada de lo que tenemos para ofrecer, y b) cualquier cosa que le ofrezcamos es algo que él hizo para empezar.

Entonces… nos merecemos ser condenados por Dios y no podemos ganar su aceptación. ¿Qué esperanza tenemos?

Gracia

La Biblia afirma que Jesús es nuestra única esperanza.

Él, también, murió como parte de una misión de rescate: la misión de rescate de Dios por la humanidad. Pero las palabras que Jesús gritó poco antes de morir no fueron “merézcalo”. Dijo sencillamente: “Todo se ha cumplido.”6

Esa sencilla declaración es una expresión del hecho de que Jesús “se mereció” el perdón y la liberación nuestra. En el entendimiento cristiano, Jesús vivió una vida única sin pecado donde amó a Dios de manera perfecta. Y luego de haber vivido esa vida perfecta, murió la muerte perfecta.

En la cruz, cargó sobre sí el castigo que tú y yo merecemos por nuestros pecados. Él tomó sobre sí nuestros pecados; murió en lugar nuestro; y resucitó, conquistando la muerte y el pecado y abriendo el camino para que todos tengamos una relación personal con Dios. Y nosotros—si depositamos nuestra confianza en él—recibimos y somos redimidos por su obediencia perfecta. Esto es lo que los cristianos quieren decir con cosas como “Jesús pagó por todos nosotros”.

La segunda carta a los Corintios 5:21 lo dice así: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.”

Esto es gracia, una palabra que escucharás a menudo de boca de muchos cristianos. Es por la gracia que Dios, de manera libre y generosa, proyecta su amor en un pueblo que no se lo merece. Todo fue hecho posible por la vida y muerte de Jesús.

Una de las expresiones más claras de esta asombrosa verdad viene en la carta a los Efesios. El Apóstol Pablo, uno de los autores del Nuevo Testamento, dice esto a quienes creen en Jesús: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.”7

En otras palabras, no podemos ganar la salvación a través de las cosas que hacemos. Si pudiéramos, seríamos soberbios y arrogantes. En cambio, somos salvados por la fe y la confianza en lo que Jesús hizo por nosotros. E incluso esa fe es un don de Dios.

¿Cómo debemos Responder?

Cuando alguien entiende la gracia de Dios y la hace parte de sí, lo transforma de manera maravillosa e irrevocable.

James Ryan sintió que él tenía que “merecerlo”, por lo que su vida quedó aplastada por la falta de alegría y la ansiedad de saber si había hecho o no lo suficiente. Pero aquellos que depositan su confianza en Jesús saben que él ya lo ha merecido para ellos.

En consecuencia, están libres de la esclavitud de tratar de ganarlo. Son libres para amar y servir a Dios—y a otros—mientras gozan de una relación restaurada con él.

Fuente: explorarDios

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