24

Abr

2012

Música eterna (primera parte)


Desde el principio de los tiempos Dios ha sido adorado con música y alabanza. Incluso cuando Dios estableció los fundamentos de la Tierra: “Alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios” (Job 38:4-7). El primer relato que tenemos del pueblo de Dios alabándole con música es cuando Moisés y los israelitas cantaron un increíble himno de alabanza, dándole gracias a Dios por su espectacular victoria sobre Faraón y su ejército. Sus gritos de júbilo seguramente se escucharon victoriosamente al cantar:“Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré” (Éxodo 15: 1-7). El canto fue la respuesta inmediata de los hijos de Israel a la liberación increíble de Dios. Observe que nunca cantaron el uno al otro, sino que respondieron al Señor en un cántico de alabanza a él.

La música es una fuerza poderosa, creada por Dios para tocar el centro mismo de una persona como ninguna otra cosa puede hacerlo. Estoy tan agradecida de haber sido rodeada del magnífico sonido de la música toda mi vida. Desde el día que nací, la música ha ejercido una increíble atracción en mi vida. He cantado tantas melodías. Mis padres ambos cantaban, y mis hermanos y mi hermana todos cantan. He bailado desde que tengo memoria; aprendí jazz, tap y ballet durante nueve años; y he estudiado piano y voz desde los cinco años a la fecha. Cuando era joven, escribí muchas tonadas sencillas, y soñaba en un día presentar esas ideas musicales a alguien más aparte de mí. Tenía muchos sueños, pero ninguno de ellos me hacía sentido hasta que finalmente conocí a Jesús, mi Creador de sueños. Al conocerlo a él, finalmente entendí la razón por la que tenía este sueño. Entre más lo conozco, más comprendo el poder de la música que es tan real dentro de mí.

La primer canción de adoración que escribí fue después de que fui salva a los 15 años. Nuestra congregación la cantó una noche, y en lugar de sentirme halagada de escuchar mi canción siendo cantada, la responsabilidad de poner una canción de alabanza y adoración en el corazón de otra persona me abrumó. En lugar de eso, ¡por los siguientes cinco años escribí canciones románticas sentimentales! No escribí otra canción de adoración hasta que entendí más acerca del poder de adorar a Dios “en espíritu y en verdad”.

Miles de canciones nuevas se escriben acerca de nuestro Rey todos los días, ¡lo cual es increíble! ¡Algunas veces siento que todas ellas caen sobre mi escritorio en la forma de una cinta de demostración! Algunas son enviadas con entusiasmo por músicos asombrosos alrededor del mundo que piden dirección o una opinión, otras son solo de escritores de Hillsong que están prestando oído al cielo deseando traer un sonido fresco a la Tierra. Algunas son obras maestras musicales y algunas son increíblemente sencillas en la forma que toman, pero estoy continuamente sorprendida por las ideas, aparentemente, interminables y las melodías y letras sin fin que mueven el alma y que son compuestas por escritores que quieren describir la maravilla de nuestro Rey.

No digo ser la más capaz o la más conocedora del arte de la composición, pero sí puedo distinguir las canciones que le pueden dar a la iglesia un nuevo mensaje que cantar. La iglesia siempre abraza nuevas melodías que permitan a los adoradores expresar el cántico de su corazón a nuestro Señor y Rey. De vez en cuando Dios sopla su unción en una canción, y este encuentra su camino para llegar a las bocas, mentes y corazones de las congregaciones de todo el mundo.

Los himnos del siglo veintiuno están siendo escritos y cantados por multitudes que desafían las barreras generacionales. Estas canciones son hechas accesibles para ser cantadas por incluso la persona menos musical, y encienden pasión y fuego dentro de todos los que entran en la expresión de su alabanza. Los compositores como Matt Redman, Martin Smith y Reuben Morgan, por mencionar algunos, tienen la habilidad de escribir canciones que provocan que el espíritu humano reaccione en forma poderosa. Sus canciones no nos permiten seguir siendo iguales.

El Señor está enviando canciones nuevas para que cantemos. Son cánticos de alabanza. Son cantos de unidad, canciones de intimidad y cánticos de guerra. Se están levantando entre nosotros, restaurando la paz y la rectitud. Son canciones de gracia y perdón, cánticos de misericordia y compasión, cantos de fuerza y justicia, y melodías de poder y dominio. El sonido de la adoración está siendo restaurado al lugar que le corresponde y siendo ofrecida a su único Beneficiario.

Mientras abrazamos estas canciones nuevas, recordemos también los grandes himnos escritos a través de los siglos por leyendas como Carlos Wesley, quien escribió aproximadamente seis mil quinientos himnos. Carlos era un compositor fenomenal y escribió canciones que inspiran el asombro como “Oíd un son en alta esfera” y “Oh que canten lenguas mil”.

Un compositor podría asistir a cientos de clases acerca de cómo escribir canciones de “éxito”, pero la técnica es solo parte de la comisión del compositor cuando se trata de traer el sonido del cielo a la Tierra. Uno no escribe canciones celestiales por accidente. Las canciones que verdaderamente conectan el espíritu del hombre con su Creador siempre van a ser dadas a luz a través del muy usado sendero al trono de Dios, un camino que el compositor ha trabajado de ida vuelta muchas veces.

Mi oración es que traigamos el sonido del cielo a la Tierra, que dejemos que “venga su reino y se haga su voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. No necesitamos esperar a que el mundo produzca un nuevo sonido para que lo copiemos lo mejor que podamos. He escuchado algunas canciones piadosas sorprendentemente buenas en la radio secular últimamente y sé que la mayoría de los compositores no saben a qué se conectaron. Estas canciones de los compositores incrédulos que tocan el corazón de Dios son ejemplos de las piedras clamando (Lucas 19:40) para adorarle. No debemos permitir que las piedras de la tierra alaben a Dios más que aquellos que lo conocemos.

La palabra dice: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios” (Romanos 8:19). Más que canciones deben ser dadas a la luz por el pleno conocimiento que nosotros, como los verdaderos hijos e hijas de Dios, tenemos de él. ¡Dios debe ser alabado! Debemos tomar nuestros lugares correspondientes en este coro de alabanza para que la gloria del Señor sea vista por toda la Tierra. Un músico cristiano intuitivamente conoce la diferencia entre simplemente tocar música y tocar música que toque el corazón de Dios. Un compositor en el Reino debe tener un corazón que busca las cosas de Dios y no las alabanzas de los hombres.

Mark y yo fuimos invitados a asistir a una cena para compositores en los Estados Unidos, en donde se reunieron compositores a quienes había admirado desde hace mucho para honrar a los compositores cristianos del siglo, Bill y Gloria Gaither. Amy Grant y su esposo Vince y Michael W. Smith presentaron un popurrí poderoso de algunas de las canciones favoritas de los Gaither. Mark y yo fuimos ministrados cuando cantaron canción tras canción como: “Porque él vive, triunfaré mañana”, “Jesus, Jesus, there is something about that name”, “Something beautiful” y “El Rey ya viene”.

Le doy gracias a Dios por esta pareja piadosa, quienes escribieron la música y las canciones de alabanza que fueron como la banda sonora de mi propia historia de salvación. No es necesario decir que Mark y yo lloramos mientras recordábamos la grandeza de Dios en nuestra vida; y todo lo que tenemos que agradecerle.

En Hillsong, aun y con todos los proyectos de grabación que hacemos y las nuevas canciones que grabamos, siempre animo a nuestros compositores a nunca convertirse en escritores por proyecto. Siempre debemos ser compositores celestiales cuyos corazones estén desesperados por atrapar elcántico nuevo en todo lo que escribamos. Debe permanecer una pasión en nuestras canciones por ser puros en espíritu y en verdad, sea que una canción sea para ser cantada a miles o para una audiencia de Uno. No quiero escribir canciones que suenen como cantos que ya hayamos escuchado o canciones que suenen como el último éxito de la radio. Busco canciones que traigan un sonido fresco profético, algo directo del corazón del Padre.

En una noche magnífica cuando grabamos un álbum en vivo. Esa noche es una instantánea de doce meses de crecimiento en el corazón de una iglesia local que está completamente determinada a ser lo que ha sido llamada a hacer. Esa grabación captura una mirada de un pueblo hambriento por más de Dios y desesperado por traer su mundo al nuestro. Veo este deseo como algo cada vez más prevaleciente en el cuerpo de Cristo. Esta hambre de Dios no es exclusiva de una iglesia o denominación en particular. La esposa está esperando con ansias y preparándose para la venida de su Amado. Grabamos discos porque queremos llevar a través de ellos a toda la humanidad a su gloriosa presencia, animándolos a cantar canciones de lo profundo de su corazón, expresando gratitud, gozo, amor y devoción a Dios.

Keith Green fue otro magnífico escritor de nuestro tiempo que escribió canciones que ayudaron a moldear espiritualmente una generación entera. “There is a Redeemer”, me atraviesa hasta los huesos. Escuché esta palabra profética hablada sobre Russell Fragar: “Y el ángel del Señor se parará a los pies de tu cama de noche y cantará canticos sobre ti, oh gran escriba”. Qué manera tan divina de componer, que te canten canciones directo del cielo que traigan revelación, no solo música hermosa. Si estamos tratando de escribir el último álbum, con las mayores ventas, entonces hemos perdido totalmente nuestro propósito.

No somos una industria o un mercado. Somos la iglesia de Dios, y tenemos la sorprendente responsabilidad de poner el sonido de la alabanza y la adoración en la boca de la gente.

El Mesías de Federico Handel (1685-1759) es una de los relatos musicales más grandes del evangelio jamás compuestos, y todavía tiene un impacto profundo en el mundo hasta nuestros días. Handel mostró una inequívoca inclinación para la música siendo muy joven, pero su padre tenía otros planes para su vida. Estaba determinado a que su hijo fuera abogado y consideraba la música como “cierto tipo de entretenimiento indigno”. Su padre hizo todo lo que pudo por mantener todos los instrumentos fuera del alcance de su hijo e incluso mantenía a su hijo sin ir a la escuela para evitar que fuera expuesto a las lecciones de música. Pero Handel tenía un deseo insaciable por tocar y se las arregló para esconder un viejo y pequeño piano de pared destartalado en el ático. Mientras el resto de la familia dormía, Handel tocaba el piano y ejercitaba sus pequeños dedos sobre las teclas hasta que le dolían. Tuvo éxito en aprender a tocar solo antes de que nadie se enterara. Handel solo tenía siete años de edad.

Un día se metió a hurtadillas en la capilla del duque de Saxe Weinssenfels para tocar el órgano, sin saber si alguien estaría por allí. El mismo duque lo escuchó tocar, y siendo un hombre musical, inmediatamente reconoció al prodigio musical que estaba tocando tan magníficamente delante de él. Se hizo cargo y le ordenó al padre de Handel que lo enviara a estudiar música de inmediato. ¡Qué intervención tan celestial, alabado sea Dios por el duque! ¡El Mesías tocó el cielo y cambió la Tierra!

Fuente: http://www.laaventuradecomponer.com/fragmentos-de-libros/musica-eterna-primera-parte/

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