28

Nov

2013

Amando a una prostituta

Amando a una prostituta

No hubiera sido demasiado doloroso para Oseas si Dios simplemente le hubiera mandado tomar a Gomer, la ramera, como esposa y tener algunos hijos con ella. Eso no machaca a un hombre. Pero aquí estuvo la parte difícil. El Señor le dijo: “¡Ámala, Oseas!” (Oseas 3:1).

Si separas esas palabras del resto del libro, suena como una orden tan dulce. ¿Qué podría ser más agradable que pedir a un hombre amar a una mujer? Sin duda, este sería el versículo preferido de muchos lectores de la Biblia. Pero, cuando comprendes esta orden dentro de su contexto, constituye una de las órdenes más horribles jamás formuladas. ¿Cómo puede un hombre cuerdo recibir tal palabra? ¿Qué habrá sentido Oseas? ¿Puede la suerte de cualquier mortal ser peor que esto? ¿Cómo podría Oseas amar y casarse con una prostituta cargada de lujuria?

Si no hubiera sido Dios quien lo había mandado, Oseas tendría que haber concluido que este mandamiento era francamente pecaminoso y malvado. ¿Cómo podría alguien pedirle esto a un hombre? Esto fue sin duda pasarse de la raya. ¿No sabía el Todopoderoso cuánto dolor y daño estaba implícito en este decreto?

Sin embargo, el esplendor de este mandato, “francamente pecaminoso y perverso”, es que muestra lo que Dios siente por nosotros. Esto es lo que Dios hace. Él se ordena a sí mismo amarnos por el bien de Cristo o “para la gloria de Cristo”. ¿Cómo pudo amarnos? Nosotros somos las prostitutas de esta historia. Somos Gomer. Somos la esposa de Oseas.

Sin duda, esta verdad nos debe sacudir en lo más íntimo de nuestro ser. ¿No se nos revuelven las entrañas? Dios nos ama. A pesar de todo el odio, la frialdad, el castigo y el veneno que merecemos recibir por nuestras incesantes fornicaciones, el Señor todavía tiene misericordia de nosotros. Algunos piensan que la doctrina del amor de Dios muestra un Señor débil. Pero el amor del que se habla en el libro de Oseas es el tipo más feroz de amor que ha conocido la historia. Es un fuego más feroz que el mismísimo infierno. ¿Cómo puede ser posible un amor tan eterno? Va más allá del entendimiento humano. Este amor desprecia y se burla de la potencia de todo el universo. Es tan poderoso, tan soberano y tan colosal. Después de todo, Dios es amor.

Este amor debe ser la gloria de todo cristiano. Es una fuerza que vence toda resistencia. El amor mediador de Cristo es la cima de la revelación de Dios. Aunque podamos quizás sentirnos disgustados por el amor de Oseas por la prostituta, es necesario tener en cuenta que somos las prostitutas. Este amor vilmente condescendiente, que casi se convierte en objeto de nuestro odio, resulta ser la misma cosa por la que tenemos que estar muy agradecidos.

Dios me ama. Dios te ama. Dios ama a Gomer. Y caemos al suelo, asombrados, en señal de gratitud.

fuente: https://www.facebook.com/notes/will-graham/amando-a-una-prostituta/597069356996427

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